Ejército Mexicano

Un año antes, el 19 de febrero, en Coahuila, el Congreso del Estado desconoció a Victoriano Huerta, y autorizó al gobernador Carranza a levantarse en armas, permitiéndole la organización de un ejército

Ana Villagrán/ Columnista invitada/ El Heraldo de  México
Ana Villagrán/ Columnista invitada/ El Heraldo de México

El 13 de agosto se cumplieron 105 años de la firma de los Tratados de Teoloyucan. Con ello terminó una fase de la Revolución y se acordó la disolución del Ejército federal.

La Revolución constitucionalista había triunfado. Un año antes, el 19 de febrero, en Coahuila, el Congreso del Estado desconoció a Victoriano Huerta, y autorizó al gobernador Carranza a levantarse en armas, permitiéndole la organización de un ejército.

Aquellos acontecimientos marcaron el nacimiento de una institución con características muy distintas a las que sustituía. Los viejos generales aristócratas y los oficiales del Porfiriato fueron licenciados y se terminaron las levas como forma de reclutamiento. Carranza inició la construcción de un ejército moderno. La tarea se prolongó por varias décadas y en la historia de las Fuerzas Armadas hay figuras fundamentales como Amaro, Ávila Camacho o Urquizo.

Hace unos días, en la opinión pública, se discutió sobre el futuro de las Fuerzas Armadas. El detonante fue una opinión del Ejecutivo federal sobre la necesidad o no de su permanencia.

Cuando hablamos del Ejército Mexicano, lo hacemos, en el fondo, sobre un tema de importancia capital: la seguridad nacional. Es claro que el concepto a que me refiero va más allá de la función militar, pero cuando se dialoga sobre la conveniencia o no de su existencia, necesariamente entramos en la órbita de ese concepto. El Ejército ha sido un elemento fundamental en la política del México posrevolucionario.

Me permito señalar cuatro de sus contribuciones más relevantes: 1) A diferencia de lo que vivieron todos los países latinoamericanos en el siglo XX, el Ejército de la posrevolución nunca cayó en la tentación de tomar el poder. 2) Por el número de elementos, contamos con un Ejército moderado en sus dimensiones y en el presupuesto que se le asigna. 3) Para bien o para mal, se le asignó la tarea de combatir al narcotráfico, principal problema del país, y cuando menos en los próximos cinco años tendrá un rol importante en la seguridad interna del país. 4) En materia de protección civil, tanto la Sedena como la Marina tienen responsabilidades asignadas. No hay posibilidad de prescindir de ellos.

La región no ha tenido conflictos bélicos y se aprecian pocas probabilidades de ellos en el futuro. Sin embargo, hay muchos ejemplos en el mundo de periodos prolongados de estabilidad que terminan bruscamente. Además, sin Ejército nuestra seguridad quedaría formalmente en manos de nuestro vecino.

Deshacer el Ejército Mexicano sería un error histórico e imposible de enmendar. Pareciere que la discusión quedó al olvido, pero la manifestación se registró en un gobierno que ha proclamado el cambio de régimen. El futuro de la Fuerza Armada se tendrá que discutir.

POR RUBÉN MOREIRA
DIPUTADO FEDERAL POR EL PARTIDO REVOLUCIONARIO INSTITUCIONAL
@RUBENMOREIRAVDZ


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