Efecto Trump de este lado del Río Bravo

Se ha naturalizado el odio al migrante. Te paran por hablar en español, y te increpan, textualmente, que vayas a tu país

Pedro Ángel Palou  El Heraldo de México
Pedro Ángel Palou El Heraldo de México

Dice Pérez Reverte que en zona de guerra se le llama territorio comanche a ese lugar en el que el instinto te dice que des la vuelta y no sigas adelante, pues te espera ya no el peligro, sino la muerte.

Arizona fue uno de los territorios originales de este grupo indígena. Hoy es uno de los más conservadores y retrógradas de EU, hogar de la ley antiinmigrante SB10670. Los dreamers, hijos de inmigrantes ilegales que buscan su legalización en EU no pueden recibir una licencia de conducir en ese estado.

Las vejaciones permanentes contra los mexicanos y los latinos en general son asunto de todos los días, y se han vuelto peores desde que Donald Trump asumió la Presidencia.

Pero no sólo en la vida cotidiana esa discriminación mina cualquier posibilidad de participación ciudadana para quien no es uno de ellos. Es sobre todo en la cultura y en la educación donde quieren ejercer una erradicación más peligrosa por perversa. En Tucson, Arizona, se prohibieron los estudios México-Americanos por considerarlos peligrosos, pues alientan el odio entre razas, según los directivos escolares del distrito (la HB2281 es el nombre de esta ley). A esa eliminación le prosiguió un ejercicio aún más fascista: la prohibición de los libros de los escritores latinos de las bibliotecas públicas.

La poeta chicana Ana Castillo pidió visitar las escuelas públicas de Tucson pero fue rechazada. Visitó la ciudad, pero no pudo ir a ninguna escuela pública. La artista declaró que en una democracia no se pueden retirar libros de autores galardonados y censurarlos sólo por ser escritos por latinos. Algunos libros prohibidos incluyen La Tempestad de Shakespeare, las novelas de Sandra Cisneros y algunos clásicos de la literatura chicana, como Bless Me Ultima, de Rudolfo Anaya.

La polémica ley (HB2281) prohíbe cualquier curso escolar que promueva la solidaridad étnica, pues la considera una forma de fomentar el resentimiento a las otras razas o clases sociales. Pero hoy esto no sólo ocurre en Arizona. El efecto Trump ha naturalizado el odio al migrante. Te paran por hablar en español en el supermercado, y te increpan, textualmente, que te vayas a tu país. Muchos niños son objeto de burla en los colegios por su carácter étnico. Vivimos en tiempos difíciles para los migrantes en EU, donde somos vistos como criminales. El arancel escalonado contra productos mexicanos iba a afectar también a muchos de este lado y si hubo revuelta en el Senado de los republicanos es porque buscan su reelección en 2020.

No podemos hacerle el caldo gordo a Trump de este lado de la frontera, convertirnos en odiosos vecinos de nuestros hermanos centroamericanos, no podemos alentar en nuestro territorio el odio, la discriminación y la intolerancia. Porfirio Muñoz Ledo ha levantado la voz, diciendo que el derecho a migrar es universal. Hoy Tijuana es territorio de haitianos, asiáticos y centroamericanos. Debemos pugnar para que allí y en todo México un migrante se sienta acogido. No hagamos de nuestro país un territorio comanche, un lugar donde no eres aceptado y a donde nunca debiste llegar.

Por Pedro Ángel Palou

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