EEUU-Cuba: Regreso al futuro

Trump abrió una "caja de Pandora" legal para admitir demandas retroactivas

José Carreño / Desde afuera   / Heraldo de México
José Carreño / Desde afuera / Heraldo de México

En su afán por deshacer las políticas de su antecesor, Barack Obama, y complacer a los grupos de derecha que lo apoyan, Donald Trump abrió una caja de Pandora legal para admitir demandas retroactivas en tribunales estadounidenses contra empresas que hayan adquirido y operen propiedades confiscadas por el gobierno cubano hace ya casi 60 años.

El anuncio del secretario de Estado, Mike Pompeo, consignó que el gobierno de su país no cancelará más la aplicación del título III de la Ley Helms-Burton, aprobada en 1996.

Esa postergación fue tradicional casi desde la promulgación de la ley por la Administración del presidente Bill Clinton, y luego los regímenes de George W. Bush y Obama —que además reanudó relaciones diplomáticas formales en 2015—.

De hecho, muy al margen de la legalidad internacional de la medida, los principales socios comerciales de Estados Unidos (incluso Canadá, la Unión Europea y México, entre otros), no están conformes y mucho menos dispuestos a aceptar sin discutir una medida claramente intimidatoria y que en otras palabras pone a sus empresas en la disyuntiva de hacer negocios con Cuba o con Estados Unidos, sin contar con la posibilidad de enfrentar demandas en tribunales estadounidenses de los descendientes de los dueños de propiedades expropiadas en los primeros años del gobierno de Fidel Castro.

Más allá de que hay intereses dentro de Estados Unidos que no están cómodos con la renovación de una política hostil hacia Cuba, que pretenden hacer retroceder el reloj por lo menos una generación, la política como tal ya ni siquiera parece tener una mayoría de simpatizantes entre los exiliados cubanos, excepto entre los de mayor edad.

Pero al igual que ocurre en la política hacia Israel, donde tanto o más que los intereses judíos, importan los postulados de cristianos conservadores, el peso mayor de la política hacia Cuba está en la derecha tradicional y sus ancestrales temores y preocupaciones sobre la amenaza geopolítica de la isla.

La medida puede parecer satisfactoria a la derecha, pero hace poco por resolver preocupaciones en torno al enemigo a 150 kilómetros (de Florida) o por adelantar la apertura política y económica en una nación que se enorgullece de haber resistido un embargo económico de 50 años.

Los amagos de EU, en todo caso, sólo endurecerán la resistencia cubana, y su acercamiento a Rusia y China en la guerra fría 2.0, el conflicto geopolítico y económico que opone de nuevo a los adversarios ideológicos de hace 30 años.

El impacto puede ser mayor. El gobierno de Trump parece haber planteado ya un retiro de EU en lo internacional, y Rusia parece interesada en plantear un desafío físico del predominio estadounidense en el Caribe, vía su alianza militar con Cuba y el deteriorado gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, mientras China adelanta retos a su dominio económico en la región.

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@CARRENOJOSE1

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