Editorial: Trump, acuerdo de París entre sus manos

Hablar hoy de la renuncia del Tratado de París, es pues hablar de la crisis en la gobernanza global del medio ambiente


La renuncia al Acuerdo de París, es una efeméride que marcará el triste legado de un tirano sin máscara, que hoy pretende eliminar de un solo gol-pe los compromisos alcanzados por la comunidad internacional para garantizar la sobrevivencia del planeta.

Por: Adriana Sarur*

Para nadie es extraño que el gobierno de Estados Unidos pasa por una acelerada transformación de sus relaciones internacionales, y que será quizás la renegociación el eje que marcará la llamada Era Trump. Sin embargo la retractación del Acuerdo de París significa el mayor retroceso de nuestro tiempo, en la diplomacia que caracterizó en este siglo la lucha contra el Calentamiento Global.

Sin lugar a dudas este rompimiento de Washington con la comunidad internacional se explica por las asimetrías que la política internacional ha causado entorno a la globalización, la multipolaridad y la ampliación de cambios vertiginosos que rede nen el mundo actual. Su renuncia significa un golpe de timón en los diferentes enfoques de gobernanza global y multinivel en pro del medio ambiente, lo cual no es del todo sorpresivo para una Nación que históricamente ha tenido resistencias para adoptar obligaciones en el concierto internacional.
Baste recordar que la primera ley contra el cambio climático de Estados Unidos, la Ley Estadonidense sobre Energía Limpia y Seguridad, naufragó en 2010 en el Senado y fue hasta que el partido demócrata llegó a la Casa Blanca que el combate al calentamiento global fue prioridad.

La gobernanza global tuvo sus raíces en la Organización Meteorológica Mundial nacida en 1988 al auspicio de la ONU bajo un contexto de los intereses de Europa frente a Estados Unidos, China y los países industrializados, y continúa siéndolo, los pesos y contrapesos entre poderes supra y nacionales sigue vigente; lo mismo que el espíritu del Tratado de Kioto (1994) por adoptar una convención marco y un protocolo que le diera forma a un régimen internacional del cambio climático.

Es por ello que hablar hoy de la renuncia del Tratado de París, es pues hablar de la crisis en la gobernanza global del medio ambiente, de las di cultades que subsisten entre la ONU, el Banco Mundial, la Unión Europea y los ministerios del medio ambiente de cada país, y es hablar de incertidumbre por el futuro del régimen del cambio climático mundial.

La ONU será incapaz de involucrar lo su ciente a sectores no gubernamentales, como los actores privados, el sector empresarial y el social si no demuestra talante para hacer un llamado a la principal economía del mundo a no abandonar estos grandes compromisos.

Es pues más un desafío para la ONU que para Estados Unidos mismo, mantener su coherencia, su disponibilidad de las naciones de participar en una gobernanza global, regional y nacional funcional, donde las formas de hacer política se traduzcan en virtudes de un sistema que inevitablemente tendrá que pugnar por la adaptación.

*Diputada federal del PVEM

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