EDITORIAL: Elecciones, lecciones y reflexiones

La primera lección que nos dejó el 4 de junio es que la democracia en México es plural y competida, pues hay una amplia oferta política para la ciudadanía

Netlog

El domingo pasado, con el apoyo de millones de mexicanos y de su extraordinaria militancia, el PRI ganó no sólo elecciones importantes, sino lecciones valiosas que nos motivan a una reflexión serena para ir más allá del triunfalismo de coyuntura.

Por Claudia Ruiz Massieu

En su discurso de victoria, el recién electo presidente de Francia, Emmanuel Macron dijo que entendía los agravios y demandas de quienes votaron por su rival, Marine Le Pen, y que su objetivo sería atenderlos para que en la próxima elección, ningún francés esté tenado a votar otra vez por el populismo.

En Estados Unidos, luego del triunfo de Donald Trump, Hillary Clinton recordó a sus seguidores que la campaña nunca se trató de una persona, sino de los valores y la visión que ella representa y que seguirá defendiendo.

Conclusión: para un partido cuya visión se agota en la lucha por el poder, las elecciones se tratan sólo de ganar votos. Son un punto de llegada. Pero para un partido con visión de Estado, como el PRI, son un punto de partida, una oportunidad para escuchar, palpar el sentir social, renovar un compromiso con la ciudadanía y actuar en consecuencia.

La primera lección que nos dejó el 4 de junio es que la democracia en México es plural y competida: hay una amplia oferta política que los ciudadanos valoran para determinar a quién dan su respaldo. Otra lección es que puede haber diferencias de puntos de vista, pero la mayoría de los mexicanos no queremos un país polarizado donde el rencor y el odio sean la norma. Estas fueron elecciones plurales, competidas y cerradas; cardiacas incluso, pero no polarizadoras, como era la esperanza de quienes prometen soluciones fáciles y siembran división.

Una reflexión más tiene que ver con quienes pudiendo votar, decidieron no hacerlo. No se trata de personas apáticas, sino de ciudadanos desencantados con el sistema de representación, al que perciben lejano e insensible.

Para el PRI, éstas y otras reflexiones similares son el punto de partida, el horizonte de largo aliento y la guía con la que llegaremos a nuestra XXII Asamblea Nacional de agosto próximo, la cita más importante de nuestro partido antes de las elecciones de 2018.

Ahí sostendremos un debate autocrítico, amplio e incluyente, donde todas las voces, de todos los priistas, de todo el país, serán parte de la conversación. Ahí de niremos el partido que queremos ser en el siglo XXI, las causas ciudadanas que vamos a enarbolar, impulsar y defender, y también las formas de hacer buena política en el México de hoy.

No dudaremos en mantener lo que funciona, ni en revolucionar, trascender y cambiar lo que ya no responde a los retos y expectativas de nuestro país: sean actitudes personales, formas de hacer política o maneras de relacionarnos con la ciudadanía. En la Asamblea Nacional, refrendaremos nuestra vocación de Estado y nuestra capacidad de adaptación para seguir siendo el partido popular, modernizador y mayoritario de México.

 

*Secretaria General del PRI

@ruizmassieu

¿Te gustó este contenido?




Lo mejor del impreso