Aprovechando ¿qué tal si diseñan un Juchitán Turístico?

Es importante que en medio de la desgracia que viven, se pueda crear un plan maestro de reconstrucción y dotar de un perfil turístico a la nueva ciudad


Dicen que los oaxaqueños tienen tres pasiones: la comida, la música y la política. Juchitán de Zaragoza –ciudad más afectada por el sismo del 7 de septiembre- es la viva interpretación del dicho; ese triple deseo, convertido en producto turístico, es capaz de producir un atractivo magnético entre los visitantes.

La tierra del artista plástico Francisco Toledo posee algo más valioso: la vida cotidiana de su propia gente, que bien trabajado, tiene posibilidades de ser declarado Patrimonio de la Humanidad. Súmele la fortaleza de su lengua –idioma zapoteco, le llaman ellos- los sones istmeños, la confección de los trajes típicos o la vigorosa cultura femenina.

Por eso es importante que en medio de la desgracia que viven actualmente, se pueda crear un plan maestro de reconstrucción y dotar de un perfil turístico a la nueva ciudad: imagen urbana homogénea, calles con banquetas más anchas, recuperación de las casonas más antiguas para conservarlas y darle uso de museos y casas de artesanías, idear plazas públicas para el tradicional mercado y espacios de convivencia, instalar cableado subterráneo, etcétera.

No sería la primera vez que una tragedia traiga consigo la transformación. Ocurrió en Cancún y Riviera Maya. Con el paso del huracán Wilma –el más destructivo que ha golpeado México- después del 21 de octubre del 2005,  renovaron la infraestructura turística, hotelera y hasta las playas se recuperaron. Caso similar con el huracán Odile en Baja California Sur, después del 14 de septiembre del 2014, los tres niveles de gobierno con la sociedad en su conjunto se hicieron uno para que los destinos turísticos a los pocos días tuvieran aspecto impecable.

Siguiendo esta pauta, Juchitán ha sufrido en carne propia la devastación repetida. En 1850 las tropas de Benito Juárez quemaron este poblado para desaparecer el movimiento indígena de Gregorio Meléndez, Melendre. En 1866 los mismos habitantes quemaron sus casas en una táctica conocida como Tierra Calcinada para evitar que los invasores franceses encontraran provisiones y así, al final derrotarlos. En 1870, fue el gobernador Félix Díaz El Chato –hermano de Don Porfirio- el que incendió el pueblo para que los rebeldes desistieran de la independencia. En 1911 el hijo de Benito Juárez –de mismo nombre y apellido- como gobernador impone al cacique Francisco León y para aplacar a los opositores le ordena a León que bombardee el palacio municipal que Pancho León había construido casi tres décadas atrás, la misma construcción que el sismo destruyó en parte.

Sería un salvavidas en este mar de penas de Juchitán impulsar el desarrollo de una actividad alterna como el turismo para erradicar la pobreza y el abandono de gran parte de los istmeños. Ahora que han estado por allá el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, de Turismo Enrique de la Madrid, o de Sedatu Rosario Robles, tienen la oportunidad de trascender en la historia.

 

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