Dos caminos y un Trump

Tanto el presidente Andrés Manuel López Obrador, como el Canciller, rechazaron la iniciativa del estadounidense, asegurando que México continuará respetando los derechos humanos

LILA ABED
Lila Abed / Columna Invitada / Opinión El Heraldo

Este domingo se espera que el secretario Mike Pompeo sostenga un encuentro con su contraparte mexicana, Marcelo Ebrard, para compartir los resultados alcanzados de las negociaciones en Washington hace 45 días. El encargado de conducir la política exterior del presidente Trump llega a nuestro país, justo a un día de la fecha límite impuesta por Estados Unidos para que autoridades mexicanas redujeran sustancialmente la cantidad de migrantes de Centroamérica en su frontera sur.

Según datos disponibles, México ha disminuido el flujo de personas en 30 por ciento. El problema con la evaluación de los acuerdos es que México queda en manos de nuestro vecino del norte en cuanto a si será aprobado o amenazado de nuevo con aranceles por no cumplir todos los compromisos.

Para complicar más las cosas, la semana pasada el Departamento de Seguridad Nacional y Departamento de Justicia de EU anunciaron una medida conocida como Regla Final Interina, forzando a que migrantes prófugos de la violencia en sus países soliciten asilo en el primer país al que ingresen antes de intentar cruzar nuestra frontera norte. Esto, además de inconstitucional, ya que viola la Ley de Refugiados de 1980 y las reglas internacionales, pone a México en desventaja. La administración de Trump está demostrando que hará lo necesario para cumplir la promesa electoral de combatir la migración. Como Trump no consiguió un acuerdo con Guatemala para convertirlo en ‘tercer país seguro’, y como México también ha negado convertirse en ello, implementa medidas como ésta para dar gusto a su base, e incrementar su posibilidad de relegirse.

Tanto el presidente Andrés Manuel López Obrador, como el Canciller, rechazaron la iniciativa del estadounidense, asegurando que México continuará respetando los derechos humanos y cumplirá sus compromisos internacionales con respecto al asilo y refugio político. En otro contexto, México podría presumir que está actuando con madurez y sensatez, pero ante la situación actual, queda como el vecino desarmado y víctima de políticas racistas de una potencia mundial.

Aquí hay de dos sopas: Pompeo puede expresar descontento con los resultados de México, y pedir que se convierta en ‘tercer país seguro’, dando otro plazo para que el Congreso mexicano apruebe leyes y reformas constitucionales para implementarlo. De no aceptarlo, EU podrá reestablecer la amenaza de imponer aranceles a las importaciones mexicanas, a la par de más medidas antimigrantes. Como sea, el gobierno mexicano deberá atender dos crisis: detener a migrantes en la frontera sur y procesar a los deportados en la frontera norte.

La única salida que considero viable para México es que acepte que está envuelto en un proceso electoral ajeno, con un presidente estadounidense impredecible y dispuesto a desprestigiar a nuestro país si eso se traduce en más votos para él en la elección de 2020. Bajo este esquema, AMLO debe ajustarse y atender los intereses de los mexicanos, pidiendo a su contraparte un presupuesto robusto para velar por los derechos de los migrantes, mientras esperan sus peticiones de asilo en la frontera norte. De esta manera, no tendrá que continuar sacrificando los escasos recursos con que cuenta nuestro país para mejorar las condiciones de los mexicanos.

Por Lila Abed

Politóloga e internacionalista

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