¿Dónde está la oposición?

Los medios, los intelectuales, las ONG y la sociedad civil son fuerzas opositoras por derecho propio

Guillermo Lerdo de Tejada  / Heraldo de México / Columnistas El Heraldo
Guillermo Lerdo de Tejada / Heraldo de México / Columnistas El Heraldo

Hace unos días, Jesús Silva-Herzog escribió que México tiene apetito de oposición. Los partidos derrotados el 1 de julio de 2018, argumenta, están confundidos y desaparecidos. Agrega que ni a los medios de comunicación ni a la sociedad civil les toca llenar el vacío que aquéllos están dejando como encargados de antagonizar al oficialismo.

El maestro Silva-Herzog acierta en su crítica a los partidos, que en la mayoría de los casos no encuentran la forma de plantarse al obradorismo. Sin embargo, no coincido en que el horizonte opositor se agota o encuentra su exponente más importante en los partidos.

Desde mi punto de vista, los medios, los intelectuales, las ONG y la sociedad civil no son actores políticos subsidiarios, sino fuerzas opositoras por derecho propio. Por supuesto, en el ámbito electoral no sustituyen a los partidos; no obstante, en democracia, las elecciones son sólo el momento culminante de la disputa por el poder. Antes que eso hay otras cosas: visibilizar problemas y posicionar temas en la agenda; auditar al gobierno y litigar abusos; ofrecer alternativas de política pública, y construir narrativas que expliquen la realidad y aglutinen voluntades.

¿Estas funciones deben hacerlas los partidos? Sí. ¿Deben hacerlas sólo los partidos? No.

De hecho, en el corto y mediano plazo es deseable que sean actores ciudadanos quienes estén en la primera línea opositora. La razón es evidente: el nuevo gobierno tiene alta aprobación y los partidos tradicionales poca legitimidad. Los medios y las organizaciones ciudadanas, sobre todo quienes han criticado a gobiernos anteriores, poseen uno de los tesoros más valiosos en política: credibilidad para ser escuchados por las grandes audiencias.

Una segunda razón porque la oposición partidista se ve acotada tiene que ver con nuestro federalismo de mentiras. Los gobernadores de oposición saben que pueden ser castigados por el Presidente por la vía fiscal o retirando su apoyo en seguridad. Podríamos tener un debate sobre la necesidad de fortalecer a los gobiernos locales, pero en lo inmediato, la realidad es que los gobernadores que se porten mal, como le gusta advertir a AMLO, pueden recibir golpes brutales.

La política es de tiempos. Si en este momento surgiera un gran liderazgo partidista, habría dos problemas: sería objeto de un golpeteo constante desde el oficialismo, que lo desgastaría anticipadamente. Además, podría provocar fracturas dentro de los mismos partidos.

Por todo lo anterior, hay que confiar en una estrategia para hacer contrapeso a este régimen. Es necesario que esta etapa temprana del sexenio, cuando el nuevo gobierno empieza a sufrir la primera oleada de desgaste, la oposición la encabece, sobre todo en lo mediático, la sociedad civil.

Los partidos, mientras tanto, deben resistir en el Congreso y aprovechar este compás de tiempo para reorganizarse, acercarse entre ellos y reconstruir su credibilidad. En la batalla de 2021, no bastará un solo partido o voz. Tendrá que construirse un frente opositor, cuyas puertas estén abiertas a la sociedad civil.

Guillermo Lerdo de Tejada

¿Te gustó este contenido?