Sanders y Trump señalan un problema del sistema

Ambos son vistos como cuerpos extraños en las estructuras de sus respectivos partidos políticos

José Carreño / Desde afuera / Heraldo de México

En cierta forma, Bernie Sanders parece seguir los pasos de Donald Trump.

Mientras una alarmada estructura demócrata contempla la posibilidad de que Sanders acumule el próximo martes —cuando una docena de estados elijan sus representantes— una ventaja que lo haga imparable, su candidatura parece ignorar las reglas no escritas de la política estadounidense.

Una de ellas, su apego al partido y su búsqueda de apoyo en la estructura. Pero Sanders encabeza un movimiento independiente que parece marginar a la jerarquía demócrata y jugar con sus propias reglas. De la misma forma que Trump lo hizo, hace cuatro años.

Trump se impuso al aparato tradicional republicano, que lo resiente y según versiones, incluso lo detesta, pero no se puede rebelar. La popularidad de Trump entre la base votante del partido lo hace líder indiscutible de esa agrupación. Sanders no está ahí, todavía. Pero las similitudes de su candidatura con el movimiento que llevó a Trump a la Presidencia tienen nerviosos a los jerarcas demócratas.

Tanto Trump como Sanders son vistos como cuerpos extraños. Trump cambió afiliación cuatro o cinco veces entre 1990 y 2010 antes de declararse republicano; Sanders, por su parte, se mantuvo siempre como independiente aunque por comodidad y una cierta afinidad hizo alianza con los demócratas en el Congreso, primero en la Cámara baja y luego en el Senado, hasta hace cuatro años, cuando se afilió para disputar la nominación a Hillary Rodham Clinton.

Trump aplastó hace cuatro años a un campo integrado por gobernadores y senadores con amplias credenciales republicanas, tal como Sanders parece hacer ahora en un campo demócrata donde se encuentran un apreciado exvicepresidente (Joe Biden) y otros senadores.

En parte se trata de una situación derivada de cambios generacionales y la llegada de milenials a la actividad política, así como el uso de nuevas tecnologías que facilitan la comunicación y por tanto, la organización.

Los partidos asumieron en su momento un papel de organizadores y plataformas para los candidatos, mientras los medios de comunicación hacían el papel de intermediarios e intérpretes de los deseos ciudadanos. Pero las redes sociales, las nuevas tecnologías, permiten por lo menos la ilusión de un diálogo directo entre candidato y votante.

Pese a su dominio en el último siglo y una historia que se remonta al siglo XIX, los partidos políticos estadounidenses son en cierta forma débiles, en cuanto a que son una coalición de partidos estatales con características propias y posturas ideológicas con diferentes interpretaciones.

La influencia de los partidos en la política estadounidense parece estar en decadencia, y algunos politólogos creen que la parálisis que sufre el sistema estadounidense es en parte causa y reflejo de la inmovilidad de los partidos.

Algunos se preguntan si lo que ocurre es el anuncio de un realineamiento político, algo que haga cambiar el sistema estadounidense, o simplemente una señal de que los partidos ya no son tan importantes.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS

JOSE.CARRENO@HERALDODEMEXICO.COM.MX 

@CARRENOJOSE

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