Don Tramposo

El Tribunal Electoral le echó a perder la fiesta al gobernador electo de BC, Jaime Bonilla

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Manuel López San Martín / Opinión El Heraldo / Columna Definiciones

El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) le echó a perder la fiesta a Don Tramposo, gobernador electo de Baja California. Jaime Bonilla, quería quedarse –aún quiere- cinco años en el poder. Ganó la elección hace unos meses y ya se vio. A destiempo, ya con su constancia de triunfo en mano, el Congreso del estado –bajo sospecha de corrupción- le había hecho el favor de modificar la ley para que cumpliera su deseo. Iba en ruta al atropello y la burla, pero lo frenaron en seco.

El miércoles, el Tribunal confirmó por unanimidad el dictamen con el cómputo oficial, la validez de la elección y la constancia de mayoría por dos años expedida por el Instituto Electoral de Baja California.

El gobernador electo había recibido un regalazo, un traje a la medida cortesía del Congreso local; una burla a los ciudadanos, una afrenta a las instituciones y una patada a la legalidad. La suya es una ilegítima, grosera y antidemocrática maniobra.

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La historia es como sigue: En sesión extraordinaria, 21 de los 25 diputados locales de Morena, PAN, PRI, PRD, MC, PT y Transformemos, aprobaron la iniciativa del diputado Víctor Morán, de Morena –reelecto ahora como legislador-, para que el electo gobernador, tuviera un mandato de cinco años y no de dos, como lo votaron.

El periodo de dos años para el gobernador electo este 2019 se estableció en 2014, cuando se reformó la ley electoral para empatar las elecciones locales con las federales a partir de 2021. Dos veces el Tribunal Electoral local concedió la extensión del plazo, primero a cinco años y luego a seis, pero el TEPJF lo echó para atrás. La última vez, días antes de la elección. Para el cambio, además del favor de la Legislatura local, Bonilla necesitaba la aprobación de tres de cinco cabildos. La consiguió, a pesar de que los procesos en algunos ayuntamientos fueron turbios, por decir lo menos. Borrar de un plumazo una ley, a destiempo y sin rubor alguno para favorecer a una persona rompe el orden democrático.

Los ciudadanos eligieron un gobernador para dos años. Ya electo, Bonilla y los suyos quisieron cambiar la jugada y usurpar la voluntad popular, ampliando a conveniencia el mandato.

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Pero el asunto está lejos de terminar. La ampliación del periodo aún no ha sido publicada en el estado y, por tanto, no existe todavía. Nadie da luz sobre dónde está. El gobernador en funciones no la ha recibido y el Congreso del estado la trae extraviada. Ningún diputado dice nada, rehúyen a declarar y se esconden para explicar dónde quedó la ley Bonilla. El gobernador electo se hace el desentendido. Juega a mirar para otro lado. En realidad, en el colmo del descaro, espera llegar al cargo para que el Congreso le envíe su regalazo y él mismo publicarlo.

Con la resolución del TEPJF debería bastar para detener el tufo golpista de Bonilla, pero no será así. Él lo intentará. No importa que lo suyo sea un capricho de poder. Le tiene sin cuidado la decencia y buena fama. Ya se vio. Don Tramposo quiere quedarse cinco años.

POR MANUEL LÓPEZ SAN MARTÍN 

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@MLOPEZSANMARTIN

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