Doctrina Estrada, México y Venezuela

Puede ser que tras dos décadas de polarización, el diálogo en Venezuela es visto como un salvavidas

José Carreño / Desde afuera   / Heraldo de México
José Carreño / Desde afuera / Heraldo de México

La crisis venezolana creó a su vez un problema para México, que bajo el manto de la Doctrina Estrada convocó junto con Uruguay a una conferencia de diálogo entre las partes, que pese al aparente respaldo de Naciones Unidas, parece condenado de antemano.

La situación es simple: el autoproclamado gobierno de Juan Guaidó no acepta el diálogo, confiado en un apoyo internacional que incluye a la mayoría de los países de la región, encabezados por los Estados Unidos, Brasil y Colombia, buena parte -si no la totalidad- de la Unión Europea, Japón y Australia.

Las naciones que apoyan al gobierno de Nicolás Maduro, fruto de elecciones cuestionadas y cuestionables, son cuatro: Bolivia, Cuba, Nicaragua y Surinam, sin contar por supuesto a Rusia, China, Turquía e Irán.

Ciertamente no hay peligro de que la mesa de conversaciones esté despoblada. Si no por otra razón que las naciones del Caribe británico, una docena de pequeñas islas-nación se apegan por convicción y por necesidad a los principios legales y apoyan la idea de diálogo, pero están preocupadas ante la posibilidad de que termine el subsidio petrolero venezolano.

Para México, el problema no es tanto económico, como político. El mandato constitucional es en ese sentido un manto útil, ante la realidad de que un sector del partido gobernante es definidamente pro-madurista y el gobierno de Andrés Manuel López Obrador obedece sobre todo a consideraciones internas. Pero en el marco de la situación actual, la neutralidad parece tan llena de complicaciones como para convertirse en una desventaja.

Puede ser por el hecho de que en un mundo globalizado, de paradigmas cambiantes, hay menos tolerancia para los pecados de un régimen como el que encabeza Maduro: ineficiente y corrupto pese a su retórica socialista.

Puede ser también que algunos de sus vecinos -como Colombia, Brasil, Ecuador y Panamá- se sientan agredidos por las crecientes cifras de refugiados venezolanos que llegan a sus territorios expulsados por la crisis.

Puede ser que tras dos décadas de polarización el diálogo en Venezuela es visto por una de las partes como un salvavidas para la otra.

No es una situación fácil, aunque el desenlace parezca cada vez más próximo y conlleve la posibilidad de que los promotores del diálogo se queden hablando solos.

El hecho en todo caso es que de cierta forma lo que está a prueba no es la Doctrina Estrada, sino su aplicación: la misma doctrina cubrió el apoyo mexicano a la República Española y su denuncia de la invasión italiana de Etiopía, antes de la II Guerra Mundial, así como el desconocimiento práctico del régimen de Augusto Pinochet en 1974 en Chile, de Anastasio Somoza en 1979, o el reconocimiento en 1981 del Frente Farabundo Martí y la Guerrilla Salvadoreña.

La teoría y la práctica de la Doctrina Estrada han cambiado con los años porque el mundo ha cambiado. Habrá que ver si la actual interpretación resulta adecuada para el mundo en que vivimos.

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@carrenojose1

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