Diversificar es el nombre del juego

No basta ya con ser un gigante, hay que ser el más grande de todos


La era de la internet ha creado colosos cuyos imperios habrán de permanecer durante muchos años, acaso tantos como pueda existir el mundo, si es que, claro, las bravuconadas de Donald Trump y Kim Jong-un no impulsan a la humanidad en otra dirección.

¿Es imaginable la vida hoy sin un smartphone, sin una suscripción a una plataforma de contenidos en línea, sin un motor de búsqueda por internet, sin echar un vistazo a las redes sociales?

Sin duda, habrá quien pueda prescindir de cualquiera de esos productos, servicios o plataformas, pero hoy en día una buena parte de la población mundial depende de su existencia.

Apple, Amazon, Netflix, Facebook, Twitter, Google, por mencionar a los más visibles, han creado emporios cuya trascendencia no sólo radica en su tamaño, alcance o valor de mercado, sino en haberse incorporado como activos indispensables de la vida cotidiana.

Sin embargo, la esencia de cualquier imperio radica en su ambición y en su capacidad de expansión.

Esta semana, Disney anunció que crearía una plataforma de contenidos vía streaming, lo cual implica retirar su catálogo de Netflix. El movimiento es lógico dada la naturaleza de Disney, y si bien de alguna forma la compañía de Reed Hastings lo resentirá, en los hechos será como quitarle un pelo a un gato.

Si una compañía como Amazon, dedicada principalmente al retail, incursionó en la venta, renta y producción de contenidos en línea, ¿por qué Disney, una compañía dedicada de lleno al entretenimiento, no podría hacer lo mismo?

No es un movimiento solitario o aislado. Esta misma semana, Facebook anunció la aparición de Watch, una plataforma dentro de la plataforma dedicada a exhibir videos originales, caseros o profesionales, creados por la comunidad.

Si la idea parece familiar, habría que remontarse a febrero de 2005, fecha en que surgió YouTube, el canal de videos en línea que un año más tarde, a cambio de 1650 millones de dólares, Google adquirió.

La naturaleza misma de la internet permite la diversificación de mercados, si bien también es proclive a la gestación de monopolios.

El movimiento de Disney, que renuncia a la plataforma de contenidos vía streaming más grande del mundo para crear la propia, significa competencia para Netflix, un nuevo escaparate para los televidentes y la ampliación de sus intereses en un mercado en el que, ya se ve, no todo está dicho.

Facebook, por su parte, ingresa en los terrenos de Google con la creación de Watch acaso pensando en su base de cuentahabientes (dos mil millones y contando) y las ganancias que puede otorgarle un mercado bien establecido.

¿Tienen necesidad Disney y Facebook de abrirse a otros nichos? No, por supuesto, pero en tanto diversificar es el nombre del juego, ¿qué hay de malo en contar con nuevas opciones?

Columna anterior: Apple y México: una proyección idiota

¿Te gustó este contenido?