Distopía de la IV Transformación

Todos los mexicanos estamos ante la idea de un futuro obligado a través de un regreso al pasado

Gregorio Ortega / Esa política / El Heraldo de México
Gregorio Ortega / Esa política / El Heraldo de México

Nada de lo ocurrido ni de lo que sucederá en el transcurso de la IV Transformación es fortuito, todo está planeado y algunas de sus consecuencias han sido previstas, otras, por depender del estado de ánimo de la población y de la desconfianza de los dueños del capital, son imprevisibles.

Todavía están en la fase de ensayo y error, para corregir al momento de la toma de lo considerado por AMLO y su gabinete, las grandes decisiones.

Van por el gobierno de los mil años, y sin rubor alguno sobre la marcha deciden copiar el esquema de Felipe Calderón Hinojosa, con el propósito de fortalecer su presencia entre los mexicanos todavía dubitativos acerca de la bendición que significa ser gobernado por ellos. Transitamos de la guerra contra el narco, a la guerra al huachicol. Las bandas son las mismas, sus capitanes distintos. Unos son los barones de la droga, otros los integrantes del STPRM animados a corromperse, y los empleados de Pemex afanosos en la búsqueda de dinero fácil.

El delito está allí, identificado y combatido, se conocen los nombres de los delincuentes que los dirigen y/o protegen desde las cúpulas del poder, pero sólo detienen a 435 que son morralla, porque el único, el verdadero propósito de la falsa escasez de gasolinas no fue el combate al huachicol, sino la necesidad de medir las reacciones de la población y ensayar el lenguaje político para concitar solidaridad con su gobierno, y aguante, resistencia pasiva, para conducir a la sociedad allí donde se quiere: aceptar todo de su líder honesto, convertido en algo más que un rayito de esperanza, transfigurado (dijera Porfirio Muñoz Ledo) en esa IV Transformación anunciada por Elena Garro en Los recuerdos del porvenir, porque preparan el regreso de ese modelo presidencial que tanto daño hizo y hace a México, incluidos los precios de garantía.

Sí, hemos de decir adiós a la transición, al sueño de la IV República presidida por un presidencialismo parlamentario, porque fueron ideas esbozadas durante la compaña, con el propósito de convencer a los dubitativos, a los integrantes del Partido Revolucionario Institucional, el Partido Acción Nacional, el Partido de la Revolución Democrática, desengañados y deseosos de una verdadera, auténtica transformación.

Alonso Quijano dejó de ser ficción, transita por los pasillos del poder; dejó atrás los fantasmales molinos de viento, para identificar a sus enemigos con los fifís, las minorías rapaces, las mafias del poder, los constructores abusivos y, ¿por qué no?, los huachicoleros de cuello blanco, inasibles, porque el perdón está por encima de la justicia.

No nos hagamos ilusiones, no son Villa, ni Zapata, ni Madero ni Cárdenas los que cabalgan de nuevo, es el general Francisco Rosas, y el escenario es la república convertida en Ixtepec.

No le demos vueltas, estamos, los mexicanos todos, ante la distopía, la idea de un futuro obligado a través de un regreso al pasado de manera permanente, anclados en un modelo político que convirtió a México en lo que hoy es.

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