Disparates venezolanos

Venezuela no podrá recuperarse y volver a ser un gran país con gasolina, algo que Chávez pudo haber logrado con una senda dialogante y democrática


En torno a Venezuela se dicen muchos disparates, y de no ser por la gravedad de la tragedia que castiga a los venezolanos, habría material suficiente para escribir el guión de una comedia desternillante. Desde la aparición del celebérrimo pajarito hasta el descubrimiento del quinto punto cardinal, el catálogo de maduradas ha seguido creciendo.
Algunas figuras destacadas del campo opositor tampoco se quedan atrás. La permanente asimilación del presidente colombiano Juan Manuel Santos con Fidel Castro y las advertencias de contagio del comunismo a través de la frontera común son solo una pequeña muestra. Algo similar se desprende de los ataques contra el papa Francisco, el expresidente del gobierno español Rodríguez Zapatero o el diplomático estadounidense Tom Shannon, todos impulsores de una frustrada salida negociada.
El balance de víctimas mortales de las movilizaciones opositoras se acerca a los 70 (63 muertes según la Fiscalía y 15,000 heridos según la oposición). La represión oficial y paramilitar es asfixiante y el clima irrespirable, y no sólo a consecuencia de los gases lacrimógenos disparados por las teóricas fuerzas del orden de un gobierno que ya es una dictadura.
En este sentido, resulta esclarecedora la postura de la fiscal general, Luisa Ortega, criticando la convocatoria de Nicolás Maduro a un proceso constituyente, con el aval irrestricto de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia. La fiscal calificó la sentencia como un retroceso en materia de derechos humanos. También definió a la Constituyente como un atentado a la democracia participativa y protagónica, reduciendo la participación popular a su mínima expresión. Desde las filas chavistas se tilda de extemporánea la actitud de Maduro de reformar su constitución, lo que no sólo atenta contra los fundamentos de la burguesa democracia representativa, sino también contra las esencias mismas de la democracia bolivariana.
Por eso llama la atención la conducta de algunos intelectuales autoproclamados progresistas que claman por más represión contra el pueblo venezolano. Es el caso de Atilio Borón, durante nueve años (1997 – 2006) Secretario Ejecutivo de CLACSO (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales) y uno de sus referentes emblemáticos. Recientemente Borón ha aconsejado a Maduro que aplaste a la oposición, movilizando sin dilación a sus Fuerzas Armadas.
Sergio Ramírez dijo que en Venezuela la función ha terminado y que algunos de sus colaboradores más próximos deberían decirle al presidente que haga mutis por el foro. Esta fórmula teatral también debería recomendársele a Borón o a tantos otros que niegan la evidencia de la represión chavista o siguen hablando de la guerra impulsada por el imperialismo y la derecha oligárquica.
No es con más gasolina como Venezuela podrá recuperarse y volver a ser un gran país, algo que Chávez podría haber logrado de haber seguido una senda más dialogante y democrática. Todavía no está todo perdido, pero cada vez hay menos margen de maniobra para evitar el precipicio. En el caso venezolano, la crispación y la provocación sólo conducen al desastre.

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