Disculpe las molestias

Se perciben los efectos colaterales de no poder usar los vehículos con la libertad de siempre

Héctor Serrano Azamar / Heraldo de México /
Héctor Serrano Azamar / Heraldo de México /

La ciudad estuvo rara el fin de semana, sobre todo con el tráfico, por momentos parecía vacía, hasta que pasabas al lado de una gasolinera, ahí todo es caos, muchas personas esperando su turno, mucho enojo, poca información.

Lo que por días trato de negarse, golpeó con la fuerza de la realidad a la Ciudad de México. La crisis del huachicol ya nos alcanzó.

Los restaurantes, las plazas y otros espacios públicos no lucieron atiborrados como normalmente lo están en sábado y domingo; fue un efecto colateral de no poder usar los vehículos con la libertad de siempre, fue un efecto colateral de la guerra contra el huachicol.

Cuando algo permea nuestra realidad cotidiana nos volvemos expertos en el tema. Hoy sólo hay un tema de conversación en la mesa, las familias hablan de ello, se escucha a la gente discutir con fuerza, con pasión, a veces con muy poca razón.

Hoy la gente sabe lo que implica hacer una cola de más de dos horas para poder cargar 20 litros de gasolina, hoy no se habla de otra cosa que no sea del huachicol.

Los hay quienes dicen que estamos frente a una muestra de la cabalidad de nuestro gobierno, el combate directo y sin tregua contra los mafiosos huachicoleros; que al acabar con esa mafia, todo mejorará en nuestro país, que cualquier sacrificio al corto plazo vale la pena, que se ven muy mal los que hoy se quejan por hacer la fila para cargar gasolina, y se preguntan ¿por qué no se quejaban antes de la corrupción del gobierno?

Ellos mismos responden; seguramente por ser miembros del PRIAN.

Argumentan que a pesar de estar a favor del combate contra el huachicoleo, el desabasto de gasolina en algunos estados del país sólo puede ser producto de la ignorancia, de la torpeza y de la poca planeación de las acciones; no dudan en señalar a los fervientes convencidos como chairos, les espetan: da las gracias a tu presidente por esta crisis, ¡yo no voté por él!

¿Y cuál es la verdad? Si es que existe.

¿No hay otro camino para acabar con la mafia del huachicol?

En caso de lograrse ¿cuáles serán los beneficios directos que como ciudadanos vamos a tener?

Éstas son algunas de las preguntas que los incrédulos se hacen. Aquellos que con justa razón están encabronados por tener que formarse más de dos horas en una gasolinera después de trabajar.

Son en estos momentos cuando se agradecería una voz autorizada que contestara nuestras preguntas.

Alguien a quien todos, independientemente de nuestro color partidista le tuviéramos confianza, alguien que disipara nuestras dudas con la vara de la imparcialidad, allá, en los países de primer mundo, les llaman instituciones.

Por el momento, en este México inconcluso y tan polarizado, nadie dude en sacar el letrero que diga: Usted disculpe las molestias, seguimos trabajando.

 

@hserranoazamar

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