Diplomacia, interés y preocupación

Las nominaciones anunciadas destacan por dos cosas: la veteranía y la calidad de los diplomáticos

José Carreño / Desde afuera   / Heraldo de México
José Carreño / Desde afuera / Heraldo de México

A juzgar por la lista de embajadores designados divulgada el miércoles, México parece dispuesto a jugar un papel de relevancia en América Latina, especialmente en la región centroamericana.

Las nominaciones anunciadas destacan por dos cosas: la veteranía y calidad de los diplomáticos que figuran en ella, y el simbolismo de los políticos que también la integran.

La dicotomía es especialmente visible en América Central, donde el presidente Andrés Manuel López Obrador ha manifestado especial interés en el desarrollo económico del llamado Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador) en vinculación con el del sureste de México.

López Obrador anuncio la mañana del miércoles que en concreto con Estados Unidos habría una inversión de diez mil millones de dólares en a zona.

Y los embajadores designados incluyen a Romeo Ruiz Armenta, exdiputado y secretario de Educación de Chiapas amen de esposo de Layda Sansores, para Guatemala; David Jiménez Gonzalez, exdiputado federal y expresidente municipal de Cuernavaca, en Honduras; Ricardo Cantú Garza, exdiputado, en El Salvador; Rosella Barajas, bióloga y exdiputada federal, para Costa Rica.

Los tres primeros son nombramientos políticos con fines similares: la migración desde el Triángulo Norte se ha convertido en un problema para la relación México-Estados Unidos y desde el punto de vista del actual gobierno mexicano la única forma viable de contrarrestarla es mediante el desarrollo económico regional.

Desde su campaña electoral, AMLO habló de un plan para propiciar el despegue económico del sureste, con base en el proyecto del Tren Maya y el relanzamiento de la industria petrolera en la región, que tendría impacto también en la migración centroamericana hacia el norte.

Ciertamente hay conveniencia geopolítica –después de todo esa región puede ser considerada como una zona de influencia mexicana tradicional–, y la preocupación que revela el nombramiento de la formidable embajadora eminente Carmen Moreno Toscano, en Nicaragua, un país en una situación política complicada donde parece haber tanto una transición como probablemente se sienta más que en otros el vacío provocado por la situación venezolana.

Otros nombramientos fueron bien recibidos, como el del exsubsecretario y académico Ricardo Valero, para Argentina.

Hay señales de respeto a la experiencia del Servicio Exterior Mexicano, como José Ignacio Piña Rojas, en Brasil, Francisco Olavarría, en Chile o Juan Manuel Nungaray, en Paraguay o Víctor Hugo Morales, en Perú, o Luz Elena Baños, en la Organización de Estados Americanos (OEA): el promedio de antigüedad es de 35 años. Y sus colegas hablan bien de ellos.

Otros nombramientos son claramente políticos: la historiadora Patricia Galeana Herrera, en Colombia, o la doctora en letras Raquel Serur Smeke, en Ecuador, pero ni mejores ni peores que los de políticos acostumbrados en otras épocas.

 

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@carrenojose1

 

 

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