Difícil entorno para México

Para 2019 se estima un crecimiento de 0.5%, cifra muy inferior al 2% estimado

Agustín García Villa / Heraldo de México / Columna Des... propósito
Agustín García Villa / Heraldo de México / Columna Des... propósito

Es real el hecho de que en la actualidad la mayoría de los países del mundo cruzan por aguas turbulentas que podrían convertirse en grandes marejadas si se continúa por senderos nacional-populistas que derivan en políticas proteccionistas, xenofóbicas, homofóbicas, etc., que lo mismo perjudican al país que las aplica que a terceras naciones.

Actualmente, México vive en carne propia los efectos de la política ultranacionalista impulsada por Donald Trump que se ha reflejado, principalmente, en los ámbitos de la inmigración y las prácticas comerciales impuestas a nuestro país, lo que ha generado un ambiente de incertidumbre que ha empezado a resentirse en la economía nacional.

A la fecha no se conoce con exactitud cuándo entrará en vigor el T-MEC; curiosamente sigue vigente, con sus asegunes, el TLC, al tiempo que los amagos y el humor de Trump siguen acechando la economía mexicana mediante la aplicación de cuotas y aranceles a importantes productos de exportación como el tomate, acero y aluminio, además de estar presente el fantasma de aranceles generalizados si México no cumple con la contención del flujo de migrantes.

Internamente, a partir de la entrada del nuevo gobierno se han llevado a cabo cambios de carácter político-económico que a la fecha no han sido del todo digeridos por la iniciativa privada, lo que ha generado desconfianza y, por tanto, han frenado nuevos proyectos de inversión que han derivado en pronósticos de crecimiento muy por debajo de 4% comprometido en el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024. Para 2019 se estima un crecimiento de 0.5%, cifra muy inferior al 2% estimado originalmente, y para 2020 el pronóstico de la SHCP es de 2%, en promedio, cifra que no es compartida por muchos otros agentes económicos que estiman será apenas superior a 1%.

Desde el punto de vista de las finanzas públicas se ve más que difícil que al menos en los próximos tres años en los que el gobierno se comprometió a mantener su actual política impositiva y, por tanto, no llevar a cabo ninguna reforma fiscal, se pueda aplicar una política de inversiones públicas capaz de reanimar la economía del país vía inversiones productivas y obras de infraestructura. Se duda, asimismo, que a través del combate a la evasión fiscal, uno de los principales postulados del proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2020, se puedan alcanzar los números necesarios que permitan reactivar la economía y, con ello, los efectos multiplicadores requeridos para evitar caer en una recesión prolongada.

Tampoco es dable esperar la aplicación de una política monetaria anticíclica capaz de resolver el impasse económico por el que atraviesa el país. Hace apenas un par de semanas, y siguiendo la tendencia de otros muchos bancos centrales, el Banco de México decidió reducir el nivel de su tasa de interés de referencia de 8.25 a 8% y, según especialistas en la materia, se espera que en los próximos meses la reduzca aún más, lo que en teoría significa un estímulo a la inversión privada, aunque en paralelo, dicha medida puede detonar en una salida de capitales con la consecuente afectación al tipo de cambio, lo cual tampoco sería deseable.

La reducción de tasas de interés, también, en teoría, es un estimulante para incrementar el consumo y, con ello, la demanda agregada; sin embargo, en simultáneo, se corre el riesgo de una mayor inflación, que de no ser adecuadamente controlada puede resultar contraproducente para la estabilidad financiera del país.

Sin crecimiento no es posible un mayor desarrollo económico. Por ello la necesidad de encontrar la fórmula que permita un mayor dinamismo económico, evitando con ello caer en recesión. De aquí, la encrucijada de revalorar la asignación de recursos del PEF 2020 buscando apoyar actividades productivas que garanticen una mayor eficiencia económica. Salir del estancamiento, asegurar el futuro, ser menos dependientes de las decisiones que tomen los demás, requiere de una racional y congruente aplicación de los recursos públicos en sintonía con los del sector privado, pues solamente así será posible lograr cubrir las necesidades de inversión que demanda una economía que requiere expandirse.

POR AGUSTÍN GARCÍA VILLA
ANALISTA ECONÓMICO
[email protected]

lctl

¿Te gustó este contenido?