Diferente

José Luis Sánchez Solá regresa al equipo de Puebla enfundado en el ropaje de la singularidad

Heriberto Murrieta
Heriberto Murrieta / Columna Espuerta / Opinión El Heraldo

Un un medio futbolero de mentes lineales y aburridas, y predecibles frases de cajón (que son la peor frustración para un entrevistador), se distingue un personaje diferente: José Luis Sánchez Solá.

El entrenador poblano del dorado arete tiene una visión más auténtica y menos institucional de las cosas. Sincerote y apasionado, no siente temor por decir lo que piensa.

Chelís se encuentra en su cuarta etapa como entrenador del Puebla. José Luis y el equipo camotero son uno mismo, el uno para el otro. Difícilmente se puede encontrar mayor empatía entre una causa y un personaje. La afición lo pedía a gritos y la directiva le dio gusto, reciclándolo tras la salida del maestro Enrique Meza.

El pasado viernes debutó con La Franja, aunque Octavio Becerril estaba en la banca del Estadio Jalisco. Tras la victoria sobre el Atlas, lo entrevistamos. Lloraba. De pura felicidad. Estaba verdaderamente conmovido.

Cuando el 7 de enero llegó a ESPN se encontraba, en sus palabras, hecho una piltrafa. Atravesaba por un mal momento anímico. Pero ahora le llega una oportunidad valiosísima para resurgir.

Una de sus fortalezas es su capacidad para hacer buenos grupos gracias a su franqueza, trato humano y autenticidad.

Veremos qué tanto ha crecido tácticamente para lograr, junto con su proverbial carisma, que el Puebla salga de los últimos lugares de la tabla de posiciones.

Vale la pena recordar que en el Clausura 2009, hace casi 10 años, el conjunto de La Franja, entonces comandado por Chelís, se quedó a unos minutos de alcanzar la Final del torneo, al recibir un gol de Darío Verón al 89’, el cual igualó a tres tantos el global en Semifinales, lo que finalmente le dio el pase a la serie por el título a los Pumas en Ciudad Universitaria, pese al triunfo poblano por 1-2.

MILAGROSO

Uno de los lances más trepidantes en la historia del balompié corrió a cargo del portero inglés Gordon Banks durante el Campeonato Mundial de México 70.

El domingo 7 de junio de ese año, Banks desvió un remate de cabeza a bocajarro del Rey Pelé en el Estadio Jalisco de la ciudad de Guadalajara.

El astro brasileño realizó una testarada picada, remate del saludo, y Banks con reflejos felinos reaccionó de inmediato y logró dar un manotazo inverosímil para elevar el esférico por encima del travesaño de la cabaña británica.

El fallecido arquero dejó para la historia el recuerdo de aquella acrobática atajada, llamada del siglo por los periodistas futboleros.

Días después de aquella acción, Pelé se mejoró a sí mismo dirigiendo el balón ahora sí hacia el enjambre de hilos de la meta italiana en la Final de la Copa, celebrada sobre la cancha del Estadio Azteca.

 

Por HERIBERTO MURRIETA

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