Día 1: eran los símbolos

1 de diciembre, el día para evidenciar por qué se va como se fue, quien se fue, y por qué llega como llega quien tomó posesión

Manuel López San Martín / Definiciones / Heraldo de México
Manuel López San Martín / Definiciones / Heraldo de México

En el día uno, AMLO no quedó a deber a los 30 millones que votaron por él. Cumplió la expectativa que inicia en la arena de los símbolos, columna vertebral de su gobierno que desde el arranque sepultó los conocidos hasta antes del 1 de diciembre, para inaugurar nuevos.

El sábado era ese día, el día de los símbolos. Día de enterrar los viejos para que nacieran otros. Y era el día de los contrastes. El de evidenciar por qué se va como se fue, quien se fue, y por qué llega como llega, quién tomó posesión de la Presidencia. El jetta de López Obrador, con las ventanas abajo, contrastando con el convoy de ocho Suburbans negras de Enrique Peña Nieto, todas con vidrios polarizados. Los ríos de gente a las puertas de la casa del nuevo presidente, y lo desangelada de la residencia del ex. La proximidad, que lleva a intercambiar palabras con quienes se acercaban en su camino a San Lázaro, y la lejanía que, hasta el último momento, marcó al gobierno que terminó. El protocolo sujeto a la espontaneidad y el calor de la calle, o la rigidez de algo que siempre lució como una puesta en escena. AMLO entendió el primer día de su mandato, como el día en que debía diferenciarse. El día en que los mensajes serían más poderosos que los proyectos: Los Pinos abierto, el retiro de ostentosos aparatos de seguridad, el Bastón de mando de manos de los 68 pueblos originarios, el contacto con la plaza pública…

Y, si bien hubo señalamientos, compromisos, ejes de trabajo y larguísimos discursos, lo que trasciende del día uno es la ruptura con el pasado; es el parteaguas de transformar los símbolos. Lo que escuchamos, fue popurrí de lo que hemos oído una y otra vez. No hay nada que en mítines, spots o entrevistas no haya dicho antes. Del me canso ganso al yo ya no me pertenezco, pasando por el no robar, no mentir y no traicionar y no es mi fuerte la venganza. Pero esas frases hechas de López Obrador, forman parte del cambio de paradigma: un gran comunicador gobierna.

La forma importa más que el fondo, porque el fondo será la forma. Por lo demás, no hay varitas mágicas. Ahí sigue la violencia. La corrupción tampoco terminará por decreto. Vaya, hasta el Aeropuerto se sigue construyendo en Texcoco. Las intenciones no bastan. Habrá que profundizar en los qués, aterrizar los cómos, definir los cuándos, cuestionar los quiénes y entender los porqués.

Pero en el día 1, lo toral pasaba por la forma. Desde luego, los símbolos no alcanzan. Son insuficientes para gobernar. Pero López Obrador parece tener la claridad de que necesita nuevos, para acompañar su sexenio. Sabe comunicar y sabe usarlos. Recargará buena parte de su enorme capital político en ellos, y los tendrá como herramienta para tomar decisiones. Bienvenidos a la 4T.

-off the record: A las oficinas del INAI, IFT y Cofece no llegaron invitaciones a la toma de posesión. ¿Descuido o mensaje?… A propósito de mensajes: Peña Nieto sentó a su izquierda a su esposa y a su derecha a José Antonio Meade en la última comida con sus colaboradores en Los Pinos, el 24 de noviembre.

 

 

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@mlopezsanmartin

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