La otra detención en Culiacán

Fuentes enteradas del caso señalan que un cuidadoso trabajo de inteligencia evitó cometer los errores de meses atrás

Carlos Zúñiga / Acceso libre / El Heraldo de México

El pasado miércoles 29 de enero, la relativa tranquilidad del fraccionamiento Stanza Toscana del sector Valle Alto, en Culiacán, Sinaloa, se vio interrumpida de forma súbita por el aterrizaje de un helicóptero de la Marina. Eran cerca de las dos de la tarde cuando la aeronave posó sobre un terreno baldío en medio de casas de nivel medio alto. Al helicóptero se subieron tres militares, quienes llevaban en medio de empellones a un hombre vestido de civil. Un paneo muestra camionetas de la Marina flanqueando calles aledañas al fraccionamiento. Segundos después, despegaron con rumbo a las instalaciones militares de la zona. La acción duró apenas 10 minutos.

Más tarde se informó que en un operativo encabezado por la Fiscalía General de la República, en conjunto con la Secretaría de Marina y la Secretaría de la Defensa Nacional, se había detenido a Ismael Quintero Arellanes, alias El Fierro, sobrino del narcotraficante Rafael Caro Quintero.

Se le ejecutó una orden de aprehensión con fines de extradición. Este hombre fue requerido por la Corte de Distrito del Este de Nueva York, la misma que juzgó a El Chapo Guzmán y que ahora procesa al exsecretario de Seguridad Genaro García Luna.

De acuerdo al gobierno de EU, hay suficientes pruebas para que El Fierro sea procesado por los delitos de tráfico de drogas y posesión de armas de fuego. El acusado conspiró con miembros de una organización de tráfico de drogas para inundar Estados Unidos con grandes cantidades de heroína, metanfetamina, cocaína y mariguana, dice un informe hecho público.

Aunque los apellidos nos trasladan a la genealogía del extinto Cártel de Guadalajara, la realidad es que Quintero Arellanes trabajaba para el Cártel de Sinaloa. Se sabe que estaba bajo el mando directo de Ismael El Mayo Zambada.

Por eso es inevitable hacer la comparación con el fallido operativo del 17 de octubre, donde el gobierno aseguró y después dejó en libertad a Ovidio Guzmán López, hijo del El Chapo. Fuentes enteradas del caso señalan que un cuidadoso trabajo de inteligencia evitó cometer los errores de meses atrás.

La propia FGR reconoció en un comunicado que hubo intercambio de información con autoridades estadounidenses. Además, esta acción ocurrió cuatro días después de la polémica boda entre Grisel Guzmán López, hija de El Chapo, para la cual dispusieron de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, la más antigua de Culiacán. Al gobierno de Estados Unidos no le agradó esta nueva demostración de influencia por parte del grupo criminal.

Ayer, al salir de una reunión con empresarios, el embajador Christopher Landau declaró que el tema de la seguridad preocupa a su país. Sin seguridad no puede haber crecimiento económico y prosperidad, un axioma que no es aceptado por el presidente López Obrador, cuando menos en público. Se sabe que el gobierno de Trump seguirá presionando para la captura de capos. Una vez superado el tema del muro y migración, la lucha contra las drogas será la nueva bandera de campaña. Quizá pronto reportaremos más operativos como el del 29 de enero.

POR CARLOS ZÚÑIGA PÉREZ 

CARLOSZUNIGAPEREZ@GMAIL.COM

@CARLOSZUP

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