Desde el sur: cuidado con las señales

Se hace campaña contrastando, pero se hace gobierno con serena actitud y sin confrontar

Georgina Trujillo / Heraldo de México
Georgina Trujillo / Heraldo de México

Es cierto que durante muchos años ha habido abusos de diversos funcionarios públicos y que esos excesos no tienen justificación y deben desaparecer, pero independientemente de considerar las remuneraciones en el Poder Judicial, excesivas o no, nadie debe negarles su derecho a manifestar su opinión.

Me resulta muy preocupante que el Presidente de la República y los líderes de sus fracciones en ambas cámaras del Honorable Congreso de la Unión, sigan con un discurso que más bien parece de candidatos pendencieros y no de funcionarios públicos con claras responsabilidades de salvaguardar el bienestar de toda la República.

No es profundizando las diferencias como se gobierna.

Se hace campaña contrastando, pero se hace gobierno con serena actitud, con prudencia y sin confrontar.

Las señales de descalificación de quien opina distinto no son buenas para la vida democrática.

El Presidente de la República descalifica al Poder Judicial porque pone en duda la constitucionalidad de la reducción de los sueldos de los servidores públicos, pero también ha descalificado a órganos autónomos como el INE o el INAI, y eso es muy preocupante, pues refleja ya en el gobierno esa actitud autoritaria y nada democrática que ha caracterizado la conducta de Andrés Manuel López Obrador desde siempre; la diferencia es que antes era un importante sí, pero sólo un líder de izquierda y hoy es el Presidente de la República.

Hoy más que nunca necesitamos contrapesos que garanticen no sólo la división de poderes que debe caracterizar a nuestro sistema político, sino que sean, ante todo, un dique a intentos autoritarios que pretendan, por un lado, aniquilar esos contrapesos y, por el otro, instaurar un régimen autoritario y antidemocrático, que meta reversa a lo mucho que hemos avanzado en nuestra democracia.

Me gustaría ver, empezando por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), una oposición seria, propositiva, con agenda propia y con una estrategia inteligente que acompañe sin desdibujarse, decisiones positivas para el país, pero que combata con argumentos y contrapropuestas, todo aquello que signifique un retroceso a lo mucho que México ha logrado con el esfuerzo de muchas generaciones.

El nuestro es un gran país, con muchos retos pendientes como la inseguridad y la desigualdad, pero los 30 millones de votos con los que Morena ganó la Presidencia y la mayoría en las cámaras del Congreso, no son una patente de corso para pretender con una actitud soberbia, que lo hecho con anterioridad no es digno de mantenerse o, peor aún, debe destruirse.

La cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), el inicio de la refinería en Dos Bocas sin estudios de impacto ambiental, ni proyecto ejecutivo, igual que el próximo arranque de las obras del Tren Maya; son ejemplos de decisiones caprichosas y autoritarias, lo mismo que la indebida confrontación con el Poder Judicial.

¡Cuidado con las señales!

 

 

¿Te gustó este contenido?




Lo mejor del impreso
OpiniónTal cual

Tal cual