Voto en EU, ¿fraude o supresión?

El pretexto es la posibilidad de fraude, especialmente a partir de afirmaciones de votantes ilegales...

José Carreño / Desde afuera   / Heraldo de México
José Carreño / Desde afuera / Heraldo de México

Un intento demócrata por imponer un paquete legislativo de derecho al voto encontró la firme oposición de senadores republicanos, que encabezados por su líder Mitch McConnell, descartaron la propuesta sin problema.

Era, según diría McConnell, un power grab, un intento de hacerse de poder con el incremento de votantes pobres y de minorías con derecho a participar en elecciones. Son grupos que tienden a favorecer a los demócratas.

Y ahí hay por lo menos una contradicción aparente.

La posición internacional estadounidense sobre las elecciones es y ha sido siempre muy clara: son parte esencial de la democracia y el voto universal es un derecho inalienable.

Pero como suele suceder con las propuestas estadounidenses, siempre hay detalles que quedan en el tintero.

En el caso estadounidense, el derecho a votar –que no es Constitucional– se ha expandido a través del tiempo: de hombres blancos con tierras a hombres blancos en general, a hombres negros, a mujeres e inmigrantes nacionalizados.

Pero sigue sujeto a la regulación de legislaciones estatales que han resistido la ampliación de derechos a cada paso; después de todo, ¿por qué facilitar el voto o el acceso a casillas a partidarios del enemigo?

El tema es particularmente notable en estados del sur de los Estados Unidos, donde la participación de minorías étnicas puede complicarle la vida al aparato político dominante, específicamente el Partido Republicano.

El pretexto es la posibilidad de fraude, especialmente a partir de afirmaciones de votantes ilegales –sea porque son extranjeros o personas que no tienen derecho a votar–.

Esa argumentación –repetida también por el presidente Donald Trump– suena hueca sin embargo: las instancias probadas de fraude son relativamente escasas: algo más de mil 100 en las elecciones de 2016.

Pero a cambio dan una base, mínima, que sea a los argumentos de Trump. Los republicanos implementaron en los 70 una estrategia sureña para arrebatar esa región compuesta por 13 estados a un Partido Demócrata que se había aliado a la minoría afroestadounidense y estaba en camino de convertirse en lo que es hoy: una amplia coalición de minorías étnicas, sexuales y sociales.

En ese sentido podría decirse que McConnell tiene razón: el creciente peso demográfico de la nueva coalición demócrata ofrece enormes posibilidades de arrebatar el oidor a un grupo que según los especialistas va en disminución: hombres blancos de mediana edad y sin educación superior.

Pero al mismo tiempo eso no quiere decir que los sectores tradicionalistas vayan a rendirse sin resistencia.

Hace sólo unos días el secretario de Estado de Texas, David Whitley, anunció una limpia de las listas de votantes había arrojado tantos como 95 mil personas inelegibles: pero la lista fue cuestionada en por lo menos tres juicios y luego purgada de nombres a su vez.

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@carrenojose1

 

 

 

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