¿La nueva guerra fría?

Muchos analistas creen que China rebasará económicamente a los EEUU en unas pocas décadas

José Carreño / Desde afuera   / Heraldo de México

La aparente tregua comercial entre los Estados Unidos y China, las dos mayores potencias económicas del planeta, es considerada ahora como sólo una pausa en una confrontación creciente.

El choque resulta cada vez más evidente, tanto que algunos analistas lo definen ya como una segunda Guerra Fría, con viejos rivales, Rusia y China, por un lado, y los Estados Unidos, del otro.

Pero una diferencia sería que aunque, sin duda, el país más poderoso económicamente y militarmente del mundo, los Estados Unidos parece haber trabajado por aislarse o por alejarse de sus aliados.

Del otro lado, la alianza rival está encabezada por una potencia económicamente sólida, que ha hecho grandes progresos en los últimos 30 años, y se ha establecido como un centro financiero alterno. Su aliada Rusia, con ambiciones geopolíticas propias, es más fuerte militar que económicamente. La combinación no es desdeñable: entre los dos ocupan una gran parte del gigantesco continente Eurasiático comunicaciones que no dependen de las vías marinas, dominadas por los EEUU.

Muchos analistas creen que China rebasará económicamente a los EEUU en unas pocas décadas, aunque sin igualar aún el nivel de vida estadounidense.

La pugna actual se dio alrededor de la imposición de tarifas a los productos chinos, por un gobierno estadounidense irritado por lo que califica como abusos comerciales y robos de propiedad intelectual por parte de China.

Pero el estilo político del presidente Donald Trump lo lleva a presentar los acuerdos como victorias, y China es un país particularmente sensible a lo que parezcan humillaciones políticas. El presidente Xi Jinping está muy consciente del actual estatus chino como segunda potencia mundial y ha determinado a cambiarlo.

Otra manifestación del problema se ve en los frecuentes roces en aguas del Mar de China, donde una serie de bases y aliados estadounidenses —de Corea del Sur a Filipinas e Indonesia, sin olvidar a Japón, Taiwán y Vietnam— se constituyen en una efectiva barrera de contención a las ambiciones marítimas chinas y a su control de los estrechos marinos por los que pasa el tráfico marino de petróleo, alimentos, materias primas y productos industriales de y hacia extremo oriente.

La competencia no se reduce al Asia: la iniciativa china de la nueva ruta de la seda, que de hecho busca atravesar con ferrocarriles toda el Asia central y llegar a Europa, integró también un componente marino que atraviesa el mar del sur de China, llega al océano Índico y las costas de África antes de pasar al Mediterráneo vía el Canal de Suez.

Más aún, aunque de manera simbólica, el creciente intercambio chino con América Latina es parte de la misma iniciativa. China ya es el principal socio comercial de Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, con Venezuela en suspensión y Bolivia en proceso de adherirse), así como individualmente Chile y Perú, miembros de la Alianza del Pacífico.

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