¿Hacia una nueva Guerra Civil?

La actual división política es tan profunda, que recuerda los años previos a la Guerra de Secesión

José Carreño / Desde afuera   / Heraldo de México
José Carreño / Desde afuera / Heraldo de México

Un sordo debate ocurre ahora en Estados Unidos: ¿viene una segunda Guerra Civil?

La actual división política es tan profunda que algunos dicen que el actual momento recuerda los años previos a la Guerra de Secesión.

Hemos experimentado episodios de intensas luchas sociales desde la Guerra Civil Americana de 1861. Crecí con el asesinato de Martin Luther King y luchas callejeras por los derechos civiles y Vietnam. Y, sin embargo, este momento se siente peor, mucho menos violento afortunadamente, pero mucho más ampliamente divisivo. Hay una ruptura profunda entre nosotros, entre nosotros y nuestras instituciones, y entre nosotros y nuestro Presidente, escribió el analista Thomas Friedman en The New York Times.

Algunos hablan del creciente tribalismo en el país. Pero conservadores y liberales interpretan el concepto de manera distinta: para la derecha, la solución es detener la inmigración y cancelar la demanda de derechos de grupos como mujeres, homosexuales y minorías etnicas y religiosas. Para la izquierda, el problema está en el atrincheramiento de grupos blancos de clases media y baja en la preservación de privilegios.

La dureza del debate y el resurgimiento de grupos extremistas en busca de reivindicaciones, especialmente antimigrantes indocumentados son atribuidos a la divisiva acción del presidente Trump, pero está presente hace décadas y es una reacción a la creciente presencia de minorías en la vida social y política del país.

En cierta forma, la Presidencia de Barack Obama, un hombre de raza negra, y la candidatura presidencial de Hillary Clinton fueron detonantes para grupos que se sienten amenazados en una sociedad donde los blancos arios o anglosajones obstaculizados tienen cada vez menos importancia.

Para muchos, la Guerra Civil de 1861 no ha terminado. Los efectos del conflicto, especialmente el impulso a la desegregación racial, fueron interrumpidos por Andrew Johnson, el sucesor de Abraham Lincoln, y obstaculizados hasta ahora en diversas formas por políticos sureños.

El recuerdo de lo que algunos llaman la causa perdida está presente aún, al grado que hay más estatuas a Robert E. Lee, comandante de las fuerzas secesionistas, que a Lincon o Ulises Grant, el jefe del ejército antiesclavista.

Los símbolos de la Confederación, con toda su pasada carga racista y actual vinculación con grupos neonazis, son presentados como parte de la tradición cultural de EU.

Y el debate político en curso es polarizado aún más por un presidente Trump que al ser cuestionado sobre el nacionalismo blanco se queja del racismo en la pregunta, como lo hacen también grupos neonazis y de suprema blanca que se quejan de discriminación contra los blancos.

La división ya no sólo es racial sino social, política, económica y religiosa. Liberales y conservadores se agrupan cada vez más y tienen menos contacto con los otros.

Tal vez la Guerra Civil ya esté aquí pero no es armada. Por fortuna.

[email protected]

@CARRENOJOSE1

¿Te gustó este contenido?




Lo mejor del impreso
OpiniónGerardo Rodríguez / Cuarto de Guerra  /  Heraldo de México

Historias de espías: El Ángel