EEUU-China: El contraste no ayuda

En 40 años, China multiplicó su economía por 68 y levantó a decenas de millones de la pobreza

José Carreño / Desde afuera   / Heraldo de México
José Carreño / Desde afuera / Heraldo de México

De creer a organizaciones que miden el prestigio o poder suave de los países, China igualó prácticamente ya a los Estados Unidos en el mundo.

Puede que sea simple contraste, el efecto de la antipatía despertada por el presidente estadounidense Donald Trump y sus tácticas de negociación.

Hay también algo de admiración por un país que en 40 años multiplicó su economía por 68 y levantó a decenas de millones de la pobreza.

Pero parecería también que hay mucho del deseo de ver o encontrar una alternativa.

De acuerdo con el reporte 2018 del grupo británico Soft Power 30, que hace mediciones anuales de la influencia, el poder blando estadounidense ha seguido su descenso desde 2017, precipitado por una significativa baja en medidas como gobernanza y favorabilidad global hacia los EEUU.

Pero el punto es que mientras los EEUU están empantanados en formidables polémicas internas y su gobierno parece decidido a imponer su voluntad más con base en su potencia que a sus virtudes o la popularidad de sus principios, China asume banderas como el libre comercio y la ayuda al desarrollo, que fueron piezas clave de la política exterior estadounidense y contribuyeron a su hegemonía tanto o más que su potencia militar.

Uno de los ejemplos importantes es la iniciativa de la faja y el cinturón, la nueva cara de la antigua ruta de la seda entre China y Europa, y que en la actualidad representa enormes inversiones en mas de 60 países.

Las implicaciones geopolíticas y de política internacional son enormes. Cierto, ha despertado reservas y sospechas, pero también interés.

Mientras los Estados Unidos parecen alejarse sistemáticamente del sistema internacional que ellos auspiciaron por décadas, sea el Acuerdo de París sobre cambio climático, el Tratado Comercial Transpacífico, o la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, China aparece en escena con un rostro favorable y comprensivo.

En ese marco, la idea de un incremento de la influencia china no es un error. Es una realidad que puede parecer preocupante para algunos, pero para otros representa considerables alternativas de apoyo económico y político.

El hecho, en todo caso, es que de acuerdo con Qiu Xiaoqi, el embajador de la República Popular China en México, su país ya es la segunda potencia económica mundial y apoya la multipolarización de la estructura mundial y la globalización económica.

Y mientras Trump presiona para lograr ventajas en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el diplomático chino habló de la disposición de su país a reforzar la sinergia de estrategias de desarrollo con México y aprovechar la complementariedad de ventajas para explotar el potencial de colaboración en áreas clave como la energía, infraestructura, manufactura, telecomunicaciones, finanzas y turismo.

El contraste, al menos retórico, no puede ser mayor.

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@CARRENOJOSE1

 

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