Desaparecidos y post-verdades

La máquina propagandista de la post-verdad se puso en acción. Presidentes y expresidentes latinoamericanos han desplegado un relato negativo de Argentina

La falta de noticias de Santiago Maldonado desde el 1 de agosto, la última vez que se le vio con vida, revivió los peores fantasmas argentinos. Con el pasar de los días, se dispararon los rumores de su detención ilegal o de su desaparición forzosa, de la que se responsabilizó a la Gendarmería Nacional. Paralelamente a la mayor inquietud sobre su paradero, se extendieron falsas versiones en sentido contrario, como una huida a Chile cruzando los Andes.

Por diversos motivos, comenzando por la dificultad de abordar la agenda de Derechos Humanos, el gobierno de Mauricio Macri dilapidó las semanas iniciales. Su inactividad permitió que el relato de lo ocurrido emergiera de grupos afines a los pobladores mapuches que ocupaban un predio propiedad de Benetton, cuya titularidad reclaman, de organismos de derechos humanos y del kirchnerismo, empeñado en salvar la cara de su líder ante unas complicadas elecciones.

Palabras como desaparecido, tortura, dictadura o represión reaparecieron en los espacios informativos y toda la responsabilidad se atribuyó al gobierno nacional. Por los efectos negativos que el caso podía tener sobre la imagen presidencial, algún analista lo comparó con los 43 de Ayotzinapa. La cercanía de las elecciones parlamentarias agravó el asunto y forzó al gobierno a una actitud más proactiva.

Pese a los esfuerzos en sentido contrario y a diferencia de México, la sociedad argentina no convirtió el caso Maldonado en un evento político. De forma sistemática todas las encuestas apuntaron a sus mínimos efectos electorales. Así siguieron las cosas hasta que cinco días antes de las elecciones del 22 de agosto apareció el cuerpo. La primera reacción de sus familiares y de quienes blandían la idea de la desaparición fue decir que el cadáver había sido plantado allí donde se encontró.

Nuevamente se comparó a Macri con la dictadura militar y se abundó en la desaparición forzosa. Fuera de Argentina, los principales aliados de Cristina Fernández e interesados en su triunfo repitieron el mensaje. Evo Morales y Dilma Rousseff en sus tuits insistieron en la idea del asesinato y el terrorismo de Estado. Nicolás Maduro, en un duro comunicado, afirmó que Maldonado había estado desaparecido más de 60 días tras ser detenido y golpeado por fuerzas de seguridad argentinas. Con muestras de apoyo a la lucha mapuche, Telesur se manifestó en términos similares, pese a que entonces ya se conocían los datos preliminares de la autopsia. Así se supo que Maldonado llevaba más de dos meses bajo el agua y no presentaba ningún signo de violencia (ni golpes ni disparos) y que probablemente murió ahogado o por hipotermia.

Una vez más la máquina propagandista de la post-verdad se puso en acción. Pese a no haber ningún indicio que permita hablar de asesinato o tortura, presidentes y ex presidentes latinoamericanos como Maduro, Morales o Rousseff han desplegado un relato negativo de Argentina, horas antes de las elecciones. Otra prueba del desprecio populista por la democracia, como no sólo en América Latina, sino también en Estados Unidos, España (Cataluña) y el resto de Europa.

 

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