Desaparecer la CNDH, un duro golpe a los derechos humanos de los mexicanos

AMLO se ha empeñado en arremeter contra esta institución por contradecir su “omnipotente” voluntad

Mariana Gómez del Campo / Secretaria de Asuntos Internacionales del PAN /   Columna Invitada
Mariana Gómez del Campo / Secretaria de Asuntos Internacionales del PAN / Columna Invitada

Un verdadero demócrata construye sus propios contrapesos. En los casi nueve meses de gobierno de la 4T, se ha demostrado que el Presidente está empeñado en descalificar y destruir todo aquello que le estorbe en su afán de transformar al país. Por ello ha arremetido contra la autonomía de diversas instituciones que evitan que el titular del Ejecutivo federal se convierta en un líder absolutista, pero lo delicado es que ahora el objetivo de López Obrador es la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH).

Es innegable que el reconocimiento de los derechos humanos es un logro político de la sociedad actual, su codificación en leyes nacionales, acuerdos regionales y tratados internacionales implican el otorgamiento de una certeza jurídica que asegura su ejercicio, protección y promoción. Sin embargo, uno de los mayores retos que enfrentamos es emprender acciones que permitan que la normatividad se convierta en una realidad para todos, es ahí donde entra en acción la CNDH.

Según las Naciones Unidas, los organismos nacionales de derechos humanos tienen un papel fundamental en garantizar el Estado de Derecho, previniendo las violaciones y proveyendo asistencia a las víctimas; en ese orden de ideas, en 1990 nació la CNDH como organismo desconcentrado de la Secretaría de Gobernación, y en 1999 se convirtió en una institución autónoma.

No obstante, López Obrador se ha empeñado en arremeter contra esta institución por contradecir su omnipotente e infalible voluntad presidencial y señalar que la cancelación del programa de estancias infantiles lesiona los derechos de los niños y pone en riesgo el trabajo de los padres afectados. Al grito de ¿Cómo se atreven?, el tabasqueño descalificó al organismo.

Lo anterior se agrava de cara a la renovación del titular de la CNDH, ya que es el encargado de tomar las decisiones, pero debe de ser electo por el Senado en un proceso abierto a la sociedad.

A pesar de que el riesgo es real, los legisladores de Morena han presentado diversas iniciativas para reformar a esta institución cambiando su nombre a Defensoría del Pueblo siguiendo el ejemplo venezolano y dando al Presidente la facultad de nombrar a su titular. El balón está en la cancha de la oposición en el Senado, que puede detener la imposición de un perfil complaciente con la 4T para presidir la CNDH, pues es fundamental preservar su autonomía, de lo contrario, perderemos una institución que nos ha costado años construir. De cristalizarse la eliminación de la CNDH, se constataría lo escrito por el sociólogo Edward Shils, cuando indica que el populismo proclama que la voluntad del pueblo es soberana por encima de todo, incluso si aplasta la independencia de las instituciones, lo cual es una falacia muy peligrosa para la democracia.

POR MARIANA GÓMEZ DEL CAMPO
SECRETARIA DE ASUNTOS INTERNACIONALES DEL PAN
@MARIANAGC

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