Desabasto, hasta saber quién se cansa primero

El 76 por ciento del traslado de gasolina es por ductos, 12 por ciento por auto-tanque y 4 por ciento vía carro-tanque

Andrés de la Cruz  / Big data / El Heraldo de México
Andrés de la Cruz / Big data / El Heraldo de México

El desabasto de gasolina en los puntos de venta final, las gasolineras, nos tomó desprevenidos. En la historia reciente no la habíamos enfrentado, y quizá por eso en los primeros días lo aceptamos con resignación, con deseo de apoyar la transformación ofrecida, y con un tanto de convencimiento de que se trataba de una situación de muy corto plazo.

Conforme transcurrían los días los mensajes llegaban encriptados: La situación se iba a prolongar. El presidente AMLO enfatizaba haber quién se cansa primero, en los medios se informaba que la situación se solucionaría lo más pronto posible.

La cereza del pastel la puso la doctora Sheinbaum al sugerir surtir con base a la terminación de placas, y el efecto entre los ciudadanos fue tan fuerte que se matizó con un es voluntario ya que enfrentamos una situación temporal; sin embargo, lo tuvimos claro: La crisis de abasto duraría más de lo esperado.

La información pública sustenta este escenario. México importa 74 por ciento de la gasolina que consume, de hecho es el principal país importador de gasolina en el mundo, seguido por los Estados Unidos. El 50-60 por ciento de la gasolina importada ingresa al país por Veracruz y Tabasco, 76 por ciento de su traslado se hace por ductos, 12 por ciento por auto-tanque y 4 por ciento vía carro-tanque o ferrocarril. Esta distribución se relaciona con la eficiencia, el traslado por pipa resulta 14 veces más caro que el ducto, y por ferrocarril 6 veces más caro.

Hasta aquí dos conclusiones, la primera, si 74 por ciento del traslado se hacía vía ductos, previsible es que su cierre provocara la situación de desabasto en gasolinerías, y la fila de barcos que se registró en el Golfo sin alternativa para descargar su producto; y, se tenía conocimiento, dado los volúmenes manejados, que no existía capacidad de traslado con pipas y ferrocarril. Así, era de esperarse que aplicar la estrategia de guerra dramatizada en la película Dunkerque (director Christopher Nolan, 2017) haciendo un llamado a la iniciativa privada con medios para internar y distribuir la gasolina ha sido un paliativo no acorde con el tamaño del reto; los volúmenes a manejar son enormes, y los viajes requeridos múltiples.

En tanto no sepamos quién se cansa primero, se requiere tiempo para crecer la infraestructura de pipas, y carro-tanques, y tiempo para concluir los contratos asociados, amén de los desequilibrios que se generan en la provisión de las importaciones y en su almacenamiento. Digámoslo claro, no es racional duplicar infraestructura, y que además es menos eficiente.

Mantengamos la calma y tomemos medidas de contingencia. La situación de crisis se va a prolongar más de lo imaginado.

Pregunta obvia ¿no hubiera sido mejor que cerrar ductos fortalecer su vigilancia, cambiar a los corruptos que los administraban y seguir la ruta del dinero? tal y como ahora se hace. La espectacularidad sería mucho menor, pero también menor sería la afectación a la población y a la actividad económica.

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