Democracia interna

No se puede mirar el futuro de un partido político con el espejo retrovisor de ambiciones e intereses de grupos anclados en un pasado de autoritarismo

José Encarnación Alfaro Cázares / Artículista invitado / El Heraldo de México
José Encarnación Alfaro Cázares / Artículista invitado / El Heraldo de México

Los partidos políticos en México son entidades de interés público con funciones claramente señaladas en el Artículo 41 de la Constitución Política de la República. Los requisitos para su integración, sus derechos y obligaciones, así como los mecanismos y procedimientos para su participación en los procesos electorales, se regulan por las disposiciones constitucionales y los ordenamientos de la Ley General de Partidos Políticos (LGPP) y de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (LGIPE), promulgadas en 2014.

Las y los militantes de un partido político tienen derechos y obligaciones partidarias que no sólo derivan de las disposiciones de sus estatutos, sino que constituyen derechos político-electorales ubicados en el ámbito de los derechos humanos que consagra y tutela la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos a partir de la reforma a su Artículo 1º el año 2011. En este sentido se debe entender que los derechos político-partidistas son exigibles y judicializables; no son sólo materia de asuntos internos o de justicia intrapartidaria como lo fueron durante décadas.

La Ley General de Partidos Políticos reconoce como derecho político partidistas de las y los militantes de un partido el votar y ser votado para todos los cargos de elección popular dentro de los procesos internos de selección de candidatos y elección de dirigentes (Artículo 2 LGPP); y señala, entre otras, como obligación de los militantes velar por la democracia interna y el cumplimiento de las normas partidarias (Artículo 41 LGPP). La democracia interna en un partido político se ejerce tanto en los procesos de elección de dirigentes y postulación de candidatos, como en los procesos de toma de decisiones.

El perfeccionamiento del sistema electoral y del régimen de partidos políticos, así como la consagración de los derechos político-partidistas en el espacio jurídico de los derechos humanos, producto de las reformas constitucionales de 2011 y la reforma político electoral de 2014, establecen un nuevo horizonte para la organización y funcionamiento de los partidos en donde la democracia interna se constituye en el eje articulador de todas sus posibles fortalezas.

No se puede mirar el futuro de un partido político con el espejo retrovisor de ambiciones e intereses de grupos anclados en un pasado de autoritarismo, imposiciones, exclusiones y democracia interna simulada.

En este contexto, resulta de vital importancia para el PRI el proceso de renovación de su dirigencia nacional, en donde el apego estricto a la legalidad, el respeto a la voluntad y los derechos de su militancia, así como el reconocimiento y promoción a la carrera partidista deberán ser los criterios rectores del comportamiento de sus militantes, cuadros y dirigentes si no se quiere convertir ese proceso en una caja de pandora que provoque su gradual desaparición.

 

JOSÉ ENCARNACIÓN ALFARO CÁZARES

@JOSEEALFARO

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