Demagogia como estrategia de seguridad

El Ejército seguirá en las calles, sin usar la fuerza. La renuncia a utilizar la fuerza legítima hoy, probablemente llevará a utilizarla de manera desmedida en el futuro

Articulista invitado / Alejandro Echegaray / El Heraldo de México
Articulista invitado / Alejandro Echegaray / El Heraldo de México

Las palabras son formas de realidad y, políticamente, tienen enorme influencia en el comportamiento de las sociedades. El uso que los gobiernos hacen del lenguaje tiene injerencia en la vida de las personas, porque cuando se ordena en discurso, se convierte en acción política.

Las estrategias de seguridad de los gobiernos cobran vida a través del lenguaje. En la administración de Felipe Calderón se decidió combatir a la delincuencia y a los miembros del crimen organizado se les consideró enemigos del Estado. En la presidencia de Peña Nieto la narrativa cambió y mientras se redujo la confrontación discursiva, la política se enfocó en recopilación de inteligencia y coordinación con los estados para abatir a los cabecillas de los grupos delincuenciales.

En esos 12 años, ante la debilidad de las policías estatales y locales, fueron las Fuerzas Armadas quienes estuvieron a cargo de salvaguardar la seguridad ciudadana.

Con la llegada del gobierno liderado por López Obrador hay un cambio de paradigma. La nueva orientación consiste en condenar el uso legítimo de la fuerza, porque el gobierno entiende la paz como la ausencia del crimen y no como la prevalencia del orden.

La retórica oficialista pone el énfasis en atacar las raíces del crimen y no sus consecuencias. Según el gobierno, si logramos eliminar la desigualdad y la pobreza, no habrá violencia. Pero más allá del hecho incontrovertible de que no se conoce una sociedad sin desigualdad, dejar de atacar el crimen hasta las calendas griegas parece un grave error.

El actual jefe de las Fuerzas Armadas ha construido una narrativa basada en una falsa concepción de la paz, del uso de la fuerza y del valor de hacer cumplir la ley. La misión que el Presidente le ha encomendado a la Secretaría de la Defensa es congruente con esta confusión, que manifiesta un desprecio por la actuación del Ejército que, según él, tiene naturaleza represiva. Unos meses atrás, afirmó que, si fuera por él, desaparecería las Fuerzas Armadas. Y, ahora, les ha encomendado labores de trabajo social, como la construcción del aeropuerto de Santa Lucía.

Aunque esta semana le llamó al Ejército institución de instituciones, el Presidente rechaza su naturaleza y lo pone al servicio de una realidad inexistente. Lo que es más grave: el Ejército seguirá en las calles, pero sin usar la fuerza contra los criminales, que también son pueblo.

Lo paradójico es que la renuncia a utilizar la fuerza legítima hoy, muy probablemente llevará a utilizarla de manera desmedida en el futuro. Ante el embate de la realidad, se han puesto en marcha operativos que atentan contra el derecho internacional humanitario, al colocar civiles como carne de cañón entre las fuerzas del orden y los grupos violentos. En lenguaje orwelliano, se les llamó cinturones de paz.

La llamada estrategia de pacificación ha sido hasta ahora causante del periodo de mayor violencia en la historia reciente. ¿No es momento ya de suprimir la demagogia del discurso político en materia de seguridad?

POR ALEJANDRO ECHEGARAY
POLITÓLOGO

abr

¿Te gustó este contenido?