Del fracking y otras historias (2 de 3)

Es irónico pagar a EU por 60% del consumo de petrolíferos

Jorge Lavalle / Opinión de El Heraldo de México

En la entrega anterior comentamos el fracking, actividad que ha generado grandes ganancias y producción de barriles de petróleo y gas a EU, inclusive convertirse en un país exportador neto de petróleo y de la que México, si la utilizara, podría duplicar su producción actual, además de poder contar con suficiente gas natural para generar mayor competitividad, menores costos de energía eléctrica y dejar de depender energéticamente de Estados Unidos.

Es irónico que paguemos a nuestro vecino del norte más de 60% de los petrolíferos que consumimos que en su mayoría provienen del shale y prohibamos esta actividad en nuestro país contando con unos de los yacimientos más grandes del mundo.

Sin embargo, existen corrientes en contra de esta actividad que resulta importante analizarlas, principalmente basadas en las posibles repercusiones medio ambientales derivado de las tecnologías con las que se extrajo el gas y petróleo de lutitas durante años sin una regulación adecuada.

Enumeremos las más relevantes; el uso intensivo de agua dulce y la contaminación de mantos acuíferos, la posibilidad de provocar microsismos en la región impactada, la liberación de gas metano (gas natural) a la atmósfera o la filtración de petróleo a la superficie contaminando campos o cultivos.

En EU, diversas instituciones han estudiado su impacto, destacando la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés), sobre el impacto en las fuentes de agua y emisiones de gases, así como el Servicio Geológico en la inducción de microsismos.

El estudio indica que existe la posibilidad de que el fracking pueda impactar a las fuentes de agua potable bajo ciertas circunstancias, por ejemplo, el tipo de tecnología que se utilice, que puede ir desde el uso de 6 mil a 60 mil m³ de agua por pozo, hasta la posibilidad hoy en día de reutilizar hasta 98% del agua inyectada.

De igual manera, otras posibles afectaciones son que los derrames de los fluidos utilizados contaminen los mantos acuíferos, esto ha ocurrido en el pasado en instalaciones que no cumplieron con los materiales adecuados para su construcción o no se dio el manejo correcto a las aguas residuales.

Otro estudio, indica que las regiones donde existe actividad de perforación de pozos hay un incremento en emisiones de metano y de compuestos orgánicos volátiles, por lo que la EPA ha desarrollado un programa que permita a las firmas identificar las tecnologías y prácticas que sean rentables para reducir las emisiones de metano, las cuales ha tenido resultados positivos.

Adicionalmente, el Servicio Geológico de EU indica que, en Oklahoma, donde se concentra el fracking, ha determinado con base en sus observaciones, que 2% de los sismos generados han sido inducidos por llevar a cabo dicha técnica, teniendo una escala promedio de 3 grados Richter. Pero, esto se asocia a casos donde se ha inyectado en el subsuelo el agua residual, lo cual ha tenido injerencia en inducción de microsismos. A partir de la modificación regulatoria en 2016 de la disposición de aguas residuales, se ha observado una disminución, pasando en 2015 de 1010 microsismos a sólo 200 en 2018.

En México varias agencias medio ambientales han puesto estos elementos sobre la mesa, los cuales deben de ser ponderados, pero no para prohibir la actividad, sino para regularla; el uso de los materiales y tecnologías adecuadas, aunado a una regulación estricta sobre el tratamiento de los residuos puede generar las condiciones que permitan mitigar los riesgos inherentes al fracking y permitirnos maximizar los beneficios de poder aprovechar una de las reservas más grandes de shale oil/gas en el mundo.

POR JORGE LAVALLE
JLM@ACCURACY.COM.MX
@JLAVALLEMAURY

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