Déjà vu

La historia puede ser vista como un ciclo de repeticiones en la vida y en la política

Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México
Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México

La vida es misteriosa: está repleta de los déjà vu, rafagazos de pensamiento que nos hacen creer que lo que vemos ya lo vimos, en otra vida, en un pasado que no alcanzamos a identificar. Por eso la historia puede ser vista como un ciclo de repeticiones, en la vida y en la política, de manera especial en ésta, con sus protagonistas y escándalos, sus tentaciones y fragilidades, que a fuerza de réplicas, parecen eternos.

¿La concentración de poder y el autoritarismo son un embrujo perenne en México? ¿Los mexicanos preferimos a los presidentes OMNIS (omnipresentes y omnipotentes) sobre aquellos que pueden representar un mandato menos vertical y más plural en pensamiento y decisiones?

La reflexión parece oportuna cuando los déjà vu se repiten y los protagonistas y sus circunstancias, parecen desembarcar en el mismo muelle: el autoritarismo.

En una de las declaraciones más ilustrativas de la serie 1994, de Diego Osorno, Alfonso Durazo, colaborador y amigo de Colosio, y parte del gabinete de Fox y de AMLO, advierte que en el país no se movía una hoja sin consentimiento del presidente Carlos Salinas.

Salinas intentó dar forma a un gobierno reformador, pero las transformaciones capitales, como el Tratado de Libre Comercio con EU y Canadá, suelen desfilar apocados ante la sombra gigantesca de la corrupción en el gobierno salinista.

Salinas fue un presidente absolutamente poderoso que se rodeó de jóvenes abogados, economistas, politólogos y sociólogos egresados de las mejores universidades del mundo, un dream team, se escribía y se decía entonces, y Jaime Serra, José María Córdoba y Pedro Aspe bromeaban entre sí diciendo que el querubín del gabinete, Herminio Blanco, había sido niño antes de ser nombrado por el presidente subsecretario de Comercio.

Salinas gobernó concentrando poder y con un gabinete eficaz y ejecutivo —antes del 1 de enero del 94 su gobierno era el bus que conducía al primer mundo—, y ensimismado en ese poder absoluto desoyó a quienes le hacían notar la corrupción de Raúl, a quien llamaban señor 10 por ciento, y tomó las grandes decisiones acompañado quizá sólo por el consejo de José María Córdoba Montoya.

No se movía una hoja sin el consentimiento del presidente, dice Durazo sobre el gobierno de Salinas. Treinta años después, ¿algo ha cambiado en el ejercicio de este poder vertical como un rascacielos?

El declive de Salinas incubó en decisiones personalísimas: proteger a Raúl y apropiarse de la partida secreta de la Presidencia, hechos que detonaron más tarde en la opinión pública.

El presidente López Obrador ha tomado decisiones personalísimas pasando por encima de sus secretarios: la cancelación del aeropuerto, el despido de miles de servidores públicos y el recorte del presupuesto en salud y ciencia para salvar a Pemex.

El reloj de la historia alcanzó a Salinas en el sexenio de Zedillo. El de AMLO ha comenzado su tic tac hacia las elecciones de 2021.

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@WILBERTTORRE

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