Fausto Kubli-García: Déjà vu en la Universidad

Pero no sólo partidos, también agrupaciones sociales, sindicatos y un buen número de organizaciones tienen intereses dentro de la universidad, y lo peor es que varias veces se ha capitalizado el uso político de la academia

Fausto Kubli-García: Déjà vu en la Universidad

Se conoce como Déjà vu a la sensación de haber vivido una escena o una situación por segunda vez, sin que haya ocurrido en realidad. Así de rápida es la mente que, en un parpadeo, puede visualizar un escenario y pensar que en una vida o situación anterior ya se encontraba en esa misma circunstancia.

Pues esa sensación recorre nuevamente las aulas, pasillos e instalaciones de la universidad. Mi memoria transita por mi paso como estudiante por la universidad, desde mis épocas en el CCH-Sur, y luego la Facultad de Derecho.

Hay patrones del pasado que encuadran en el presente. El sentimiento es de que otra vez la UNAM está atravesando por un episodio más de convulsiones; parece que la injerencia en la vida universitaria dejó de ser latente para estar presente. La fuente de todos estos eventos es, sin duda política, la sucesión presidencial, el momento coyuntural.

No en pocas ocasiones la política ha violentado la normalidad universitaria. En sus memorias, Luis Garrido, rector de la UNAM (1948-1953), dijo contundentemente: no debe haber partidos políticos dentro de nuestra Casa de Estudios. Y aparentemente así es. Sin embargo, es evidente que partidos y fuerzas políticas, bajo distintas facciones, se encuentran en la universidad.

Pero no sólo partidos, también agrupaciones sociales, sindicatos y un buen número de organizaciones tienen intereses dentro de la universidad, y lo peor es que varias veces se ha capitalizado el uso político de la academia. Oportunismo de grupos para encabezar movimientos, oradores dirigidos en asambleas, decisiones sesgadas, mayoriteos para que no hablen espontáneos opositores, deliberaciones en manifestaciones a mano alzada son prácticas que ya se han visto y que desafortunadamente vuelven a aflorar. Son los mismos mecanismos políticos y se repiten porque han sido funcionales.

¿Por qué una fuerza política, cualquiera que sea su naturaleza, provocaría la desestabilización de la universidad? En ajedrez se llama poner en jaque, y significa motivar una reacción del rey, una especie de extorsión para lograr intereses de grupo.

Agricultores, maestros, sindicatos y otras agrupaciones constantemente cierran calles para poner en jaque a la autoridad y así capitalizar sus jugadas. No estoy diciendo nada nuevo, así ha funcionado México y se ha dicho hasta el hartazgo que la UNAM es un reflejo de México.

El reclamo de la seguridad en la UNAM es absolutamente legítimo, lo comparto y considero que las autoridades universitarias deben tener ese tema en el primer lugar de la agenda; de igual manera, la violencia de género, el porrismo y un largo listado son asignaturas que se deben mitigar al máximo.

En lo que no estoy de acuerdo es en llevar a la escena política todo esto, convertir en moneda de cambio el futuro de los jóvenes. Algunos, con evidente interés político, proponen cerrar las aulas, impedir las clases como medio de presión. Ahora sus exigencias están subiendo de tono hasta convertirlas en algo absurdo, como los tristemente célebres seis puntos de 1999.

La Universidad Nacional Autónoma de México es la institución educativa, científica y cultural más importante de este país. Funciona gracias a los mexicanos que aportan recursos a través de sus impuestos al erario, el cual se traduce en el presupuesto de la universidad. Los que de alguna manera estudiamos y nos formamos ahí, debemos cuidar a esta gran institución.

 

Investigador de la Facultad de Derecho de la UNAM

 

 

 

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