La primera batalla de AMLO presidente

Con una impecable narrativa, el Presidente se apresta a avasallar al Poder Judicial, el único fuera de su control

Manuel López San Martín / Definiciones / Heraldo de México
Manuel López San Martín / Definiciones / Heraldo de México

El Presidente tiene batalla, y ya eligió rival. Experto en administrar el conflicto y en crecer a partir de él, ha encontrado con quién contrastar.

Con la impecable narrativa de que el funcionario debe aprender a vivir en la justa medianía, del abuso de unos cuantos, del gobierno rico con pueblo pobre, y acompañado de un enorme costal de legitimidad y un respaldo popular a prueba de críticas, AMLO se apresta a avasallar al Poder Judicial, el único fuera de su control.

No entienden la nueva realidad del país, mandó decir a los ministros de la SCJN que frenaron la Ley de Remuneraciones, para que nadie ganara más que él. López Obrador, visto a sí mismo como único receptor de los afectos y sentires de la ciudadanía, como canal de millones para expresarse contra la opulencia, va contra los ministros.

Deberían quitar el retrato de Juárez en la Corte, aseguró. La mayoría le aplaude. Tiene sentido lo que dice. Hace sentido cómo lo dice.

La gente va a exigir que no haya sueldos exagerados y que no haya abusos, sentencia. Y sí. La gente comenzó a organizarse. Ya hay una campaña en redes para marchar y reclamar a la Corte. Comienza la tunda para golpear al poder sobre el que la 4T no tiene injerencia. ¿Qué veremos? ¿Pedir la destitución de los ministros? ¿La disolución de la SCJN?

El paso es tan atrevido como peligroso. Si bien la narrativa es impecable, la tentación autoritaria de pasar sobre uno de los poderes, porque no actúa como él quiere, debería encender las alertas democráticas.

López Obrador sabe los terrenos que pisa: la clase gobernante está apestada, los escándalos y abusos la persiguen. Tiene la batalla mediática ganada. La forma es suya. Sabe que pocos se opondrán a la reducción de sueldos.

Pero el fondo es que le disgusta no tener el control. Por eso atizará contra quienes atenten o pueden atentar contra su gobierno. Le incomodan los contrapesos. Podría no pasar de ahí y adaptarse democráticamente, pero no es su estilo. Y tiene la popularidad para intentar atropellarlos.

Al que se alinea, amor y paz. Al que estorba, avasallamiento.

El relato al que nos lleva es, estratégicamente, impecable. Construye una narrativa para plantarse del lado correcto de la historia y exhibir a quienes no lo están. Delinea un discurso para su base electoral, que es la que le importa.

Arrojado, en términos de cómo debería conducirse un presidente -cerrando brechas en lugar de ampliarlas-, pero políticamente redituable y electoralmente apetecible.

AMLO, que ha construido su legitimidad, basado en la tenacidad de un inamovible discurso, pero también teniendo como aliado el choque constante, no tenía rival para el inicio de sexenio y necesitaba opositores para seguirse diferenciando: los buenos, él y los suyos; los malos, los de enfrente, los enemigos de la 4T.

A falta de oposición partidista organizada, ha decidido tener en la Corte una oposición artificial para contrapuntear porque, es en el contraste donde más cómodo se siente y donde, políticamente, mejor le va.

 

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@mlopezsanmartin

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