El sexenio Cutzamala

Como la “K” invertida, quedó en proyecto, no cuajó, estuvo mal direccionado y dio más problemas de los que resolvió

Manuel López San Martín / Definiciones / Heraldo de México

El último mantenimiento fallido al sistema Cutzamala es estampa de un sexenio que terminó con poco que presumir y casi nada positivo por heredar.

Ha pasado más de una semana desde que la Comisión Nacional del Agua (Conagua) cerró la llave en el Cutzamala, que abastece de agua a buena parte del valle de México, 13 alcaldías de la CDMX y 12 municipios del Edomex, y es hora que el servicio no se normaliza. El megacorte de agua que, nos dijeron, duraría cinco días, se ha prolongado durante nueve y, si bien nos va, entre mañana y el domingo quedará restablecido en su totalidad.

La Ciudad de México vive una situación de emergencia, me dijo hace un par de días el jefe de Gobierno, José Ramón Amieva. Pero la emergencia tiene responsables. Fue provocada por la torpeza o ineptitud de la Conagua que fue incapaz de colocar una pieza, la ya famosa K invertida. El corte tenía como eje la colocación de esa pieza para evitar que, en un futuro, el mantenimiento al Cutzamala obligara a parar todo el suministro de agua que desde ahí se bombea. Los trabajos se planearon –es un decir- durante cinco años, tuvieron un costo de 500 millones de pesos, más un gasto incuantificable por el tandeo de agua, envío de pipas y colocación de tinacos para hacer frente a la escasez. La Conagua, cuando arrancó el megacorte, se apresuró a presumir que los trabajos concluirían horas antes de lo presupuestado hasta que la realidad se les atravesó. La pieza no cuajó. A pesar de haber sido medida milimétricamente, se desplazó 4 centímetros y hubo que regresar al punto de partida. De nuevo se colocó la pieza anterior. La K invertida se quedó arrumbada.

Así, el megacorte derivó en megadesastre y megarridículo, cortesía de la Conagua. Pero además del papelón, ya de por sí vergonzoso, sobre el mantenimiento al sistema, ronda –como en otras tantas obras y proyectos del sexenio que vive su ocaso- el fantasma de la corrupción. ¿Las empresas responsables de los trabajos eran las más capaces para llevar a cabo la tarea? ¿Hubo favoritismo al contratarlas? Sabemos poco de ellas, pero hay certeza de que las dos compañías se constituyeron en el Edomex y han tenido durante el actual sexenio contratos, sólo con Conagua, por más de 350 millones de pesos. Las preguntas se acumulan y las responsabilidades tendrían que alcanzar al titular de Conagua, Roberto Ramírez de la Parra que, al menos, debe un rosario de explicaciones. Por lo pronto, dejará como legado una estela de incompetencia e ineptitud que obligará a quien ocupe su posición a partir del 1 de diciembre, a concluir lo que él no fue capaz.

El último mantenimiento al Cutzamala caricaturiza el fallido sexenio que se va. Como la K invertida, uno que se quedó en proyecto, que no terminó de cuajar, que estuvo mal direccionado y provocó más problemas de los que resolvió. Un sexenio que se queda arrumbado, que no trascenderá y que forzará que se tomen medidas para paliar los efectos de un defectuoso producto que no dio lo que se prometió.

 

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@MLOPEZSANMARTIN

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