¿De quién es la culpa?

Miles están dispuestos a morir por algunos litros de gasolina, casi todos, a violar la ley por algún motivo

Héctor Serrano Azamar / Heraldo de México /
Héctor Serrano Azamar / Heraldo de México /

Hasta hace unas horas, eran más de 80 el número de muertos por la explosión en Tlahuelilpan, Hidalgo; los heridos también se cuentan por decenas. Los sucesos del viernes pasado se suman a la larga lista de tragedias de nuestra historia nacional.

Al paso de los años, los mexicanos nos hemos acostumbrado al que, por ratos, parece nuestro inefable destino, el dolor y el caos.

Todas las tragedias duelen, pero estamos frente a una que pudo evitarse y que es producto de las peores prácticas y de la supina idiosincrasia de los mexicanos. No podemos dejar de sentir vergüenza, indignación e incluso coraje, ¿contra quién? Contra todo, pues parece el producto de la herencia que hemos permitido legar a nuestros gobernantes.

En Tlahuelilpan se mezcló lo peor de nuestro presente; una comunidad sumida en la pobreza, un gobierno incapaz de hacer cumplir la ley, más preocupado por los costos políticos de realizar su tarea, que por salvaguardar la vida de cientos de personas, más una sociedad dispuesta a violar la ley.

Los muertos no eran criminales profesionales, no era una banda de huachicoleros boicoteando al gobierno, eran simplemente ciudadanos; la vecina de la esquina, Pedro el de las tortillas, Hortensia de la verdulería. En este país, miles están dispuestos a morir por algunos litros de gasolina, casi todos, a violar la ley por algún motivo.

Las excusas son muchas, pero hay algo de verdad en ellas, el ciudadano se queja del gobierno, piensa que le está permitido infringir la ley porque los gobernantes lo hacen. En nuestro México, la sociedad también ha contribuido para que la corrupción e impunidad sean una práctica común, la relación entre gobierno y sociedad se ha basado en un mutualismo perverso que sólo puede prolongar la complicidad.

Los que se ofenden por no poder imaginarse robando gasolina, también deberían de recordar cuántas veces han violado las normas, las veces que han dado mordidas para librar una multa de tránsito, las veces que han evadido el pago de impuestos, que han permitido a sus mascotas defecar en las calles, las veces que han parado al micro en un lugar prohibido. Antes de indignarse por lo que escribo y echar la culpa de todos nuestros males, presentes y futuros, exclusivamente al gobierno, deberían de detenerse a pensar en su comportamiento.

En Tlahuelilpan, fallamos todos, los gobiernos municipal, estatal y federal, incapaces de evitar la tragedia que se avecinaba, pero también falló el pueblo bueno y sabio, entonces ¿de quién es la culpa?

 

@hserranoazamar

 

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