De política internacional y errores nacionales

Morena no tuvo una mejor idea que hacerla de anfitrión para una conferencia de prensa auspiciada por la embajada venezolana; un error que tendrá vida propia

Los temas internacionales han hecho su entrada en la politica mexicana y los idiotas errores de unos y otros tienen consecuencias.

Hace algunos meses se afirmó que Luis Videgaray, el hombre fuerte del gabinete, había sido marginado por la inesperada urgencia con que el entonces candidato Donald Trump había aceptado una invitación para reunirse con el presidente Enrique Peña Nieto. Esa invitación fue considerada como un error político. Pero la tendencia a cometer errores políticos no es privativa de un sólo grupo. La arrogancia, que bien puede ser vista como estupidez política, no tiene partido ni ideología, sin embargo.

Ahora toca su turno a Morena, la nueva formación predilecta de la izquierda mexicana, que en medio de una fuerte campaña en su contra, mientras sus críticos vinculan su ideario y de alguna forma presentan su posible estilo de gobierno como una reedición de las fracasadas políticas del gobierno del presidente Nicolás Maduro, no tiene una mejor idea que hacerla de anfitrión para una conferencia de prensa auspiciada por la embajada venezolana.
Celebramos el acompañamiento del partido Morena…, dice uno de los tuits distribuidos por la embajada de Venezuela; y no importa cómo o cuando haya sido, es un golpe en este momento. Por un lado habría que honrar la entereza de Morena aun cuando ahora está tan empeñada en recular. Hubiera sido un gesto quijotesco si no hubiera sido tan torpe: la imagen del gobierno de Maduro es más y más la de un represor impopular con políticas económicas disfuncionales. Ese es el barniz que recibe Morena aunque sea por asociación.

Los morenistas están tan conscientes de la metida de pata, que Martí Batres, su presidente en la Ciudad de México, se apresuró a emitir un comunicado en el que convoca a la opinión publica a no dejarse manipular, y subrayó los principios no-intervencionistas de su partido. Pero el mero hecho de ser anfitrión de un evento así, lo pone en medio del debate venezolano. A querer o no, esa postura puede ser comparada a la cara que Videgaray presentó cuando Trump anunció su visita.

La verdad sea dicha, fue un error político: las fotos de portavoces del gobierno venezolano con los letreros de Morena detrás, no se van a ir y menos en una temporada electoral, no importa lo que digan Batres o López Obrador.

Y sí, los venezolanos tienen derecho a ser lo que quieran pero no, en estos tiempos, a hacerlo con base en represión ni violaciones masivas a derechos civiles y humanos. Poner un ojo ciego a las medidas del gobierno venezolano en defensa de la democracia implica también aceptar las argumentaciones o las omisiones del gobierno mexicano en torno a algunas de las cosas que ocurren aquí.

¿O al más puro estilo Trump sólo se vale de un lado? Fue un error, quién sabe qué tan grave, pero uno que tiene vida propia, no importa lo que digan las protestas y las admoniciones de Batres, las de AMLO o las filípicas de sus jilgueros partidistas.

 

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