De la austeridad a la mediocridad

Preocupa en particular que, sin un análisis previo, se establezcan políticas a rajatabla, como el recorte en automático de las plazas de confianza

Arturo Sánchez Gutiérrez / Decano Escuela de Gobierno del Tec de Monterrey

Ayer, la presidenta de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados, Patricia Terrazas, comentó en el noticiario de Ciro Gómez Leyva que, si se sigue recortando el gasto, se pasaría de la austeridad a la mediocridad. Evidentemente tiene razón.

Como se había dicho, la propuesta de presupuesto que envió el secretario de Hacienda a la Cámara de Diputados, implica realizar importantes recortes de recursos y de personal en diversas dependencias. El objetivo, además de fomentar la austeridad republicana, es obtener recursos para financiar proyectos como el Tren Maya, las nuevas refinerías, las becas a estudiantes de escasos recursos o el establecimiento de 100 universidades a lo largo de toda la República. Ésas fueron promesas de campaña y el Presidente no dejará de insistir que cumplirá lo dicho.

El Presidente acierta en que era necesario reducir gastos, evitar derroches y acabar con privilegios excesivos.

También es cierto que algunas dependencias habían crecido en su gasto en personal y que había que buscar esquemas de mayor eficiencia. Sin embargo, las políticas anunciadas y la propuesta de presupuesto no se hacen cargo de la racionalidad que debe de imperar en la administración pública para cumplir y hacer cumplir la ley, además de llevar a cabo los proyectos de la nueva administración. Por eso tiene razón la diputada Patricia Terrazas al temer que los recortes eventualmente conduzcan a la mediocridad.

Preocupa en particular que, sin un análisis previo, se establezcan políticas a rajatabla, como el recorte en automático de las plazas de confianza o la eliminación de puestos de asesoría. Los primeros efectos ya están a la vista a través de diversas manifestaciones de protesta.

Sin embargo, la peor de las consecuencias podría ser justamente la mediocridad en el ejercicio de la función pública. La mediocridad y la ineficiencia son peligrosas cuando se busca realizar la transformación en apenas seis años.

Al recortar personal, la administración pública pierde talento, experiencia y proyección. Al aplicar otras políticas como no adquirir equipos de cómputo durante el primer año de gobierno, se atenta contra la racionalidad y la continuación eficiente de proyectos exitosos. Creer que una nueva universidad puede ser eficiente con 10 millones de pesos en su primer año parece iluso, por decir lo menos. Con todo, el presupuesto anunciado fue exitoso al proyectar disciplina en el manejo de las finanzas públicas. Por eso, los mercados no reaccionaron mal.

Sin embargo, permanece la incertidumbre sobre cómo se cumplirán las promesas y sobre la eficiencia con la que se gobernará. Por lo pronto, la protesta de las universidades fue exitosa para rescatar recursos perdidos; en la Secretaría de Relaciones Exteriores se cuestiona el recorte a los consulados; y los representantes de la cultura en México protestan por la reducción a sus dependencias.

 

Decano de la Escuela de Gobierno del Tec de Monterrey

@arturosanchezg

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