De cabeza

La transición entre gobiernos del mismo partido o del PRI al PAN no expuso la dimensión real de los problemas

Wilbert_Torre
Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México

Una fotografía que circuló hace unas horas en las redes sociales mostraba la bandera mexicana ondeando del mástil de Palacio Nacional con el águila de cabeza. Una pifia que habitualmente termina en el arresto fulminante de soldados y oficiales sirve como una metáfora de país, tras la derrota histórica del PRI.

Como no había sucedido en décadas, el país se encuentra literalmente de cabeza. No es que no lo estuviera antes, particularmente en temas delicados como la violencia, la impunidad y la corrupción, pero es evidente que la transición entre gobiernos del mismo partido (de Salinas a Zedillo y de Fox a Calderón), o de una administración priísta a una panista, y al revés, no expuso la dimensión real de los problemas, por lo menos desde la forma de ver las cosas en el nuevo gobierno.

Siempre ha habido sospechas sobre la veracidad de las cifras y estadísticas que dan a conocer los gobiernos, no sólo en México, sino en países como Estados Unidos, el ejemplo más cercano.

Ahora, con varias cosas importantes de cabeza, resurge este importante debate en medio de la polarización política: ¿eran ciertas, falsas, o estaban alteradas las cifras del último gobierno del PRI? ¿Los números aportados por el nuevo gobierno son auténticos o también están manipulados?

El robo de combustibles, uno de los más graves en cuanto al saqueo de recursos nacionales y la violencia que produce, es un buen ejemplo de esta guerra: Para José Antonio González Anaya, ex secretario de Hacienda en el gobierno de Peña, los daños causados no rebasaban los 30 mil millones de pesos anuales.

El presidente López Obrador ha sostenido que de acuerdo con la información reunida por el gobierno, este hurto le cuesta al país más de 60 mil millones de pesos cada año.

Hace unas horas el presidente advirtió también que el sistema de salud está en peores condiciones que la educación, y que como resultado de la corrupción las medicinas no son baratas y los servicios no son buenos.

AMLO ha tomado decisiones para resolver el robo de combustibles. Ordenó cerrar ductos de Pemex y transportar las gasolinas en pipas. ¿El presidente ha elegido las mejores opciones para encarar los problemas? La clausura de los ductos ha provocado desabasto en ocho estados del país. La oposición ha descalificado las medidas, señalando que son absurdas y que no resuelven el conflicto.

El presidente ha dicho que las acciones permitieron en un mes reducir el robo de combustibles en 17 por ciento. ¿Estas cifras son correctas o están manipuladas? La crisis de los combustibles pone a prueba a la oposición para exigir al gobierno una investigación sobre la anterior administración de Pemex, cosa que no hicieron en la era peñista.

Por su parte, si en verdad pretende resultados que no sean pura simulación, López Obrador está obligado a dar a conocer los detalles y los nombres de los involucrados en uno de los saqueos nacionales más importantes en décadas. Es eso, o permitir que zonas importantes del país sigan de cabeza.

 

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@wilberttorre

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