De acosador a ¿acosado?

La reconocida psicóloga y autora estadounidense (con más de un millón de libros vendidos) Elaine Aron descubrió la alta sensibilidad en las personas

Atala Sarmiento / Anecdatario / Heraldo de México

Dos de cada 10 cuentan con dicho rasgo compuesto por un sistema nervioso más fino y desarrollado que recibe más información sensorial que el promedio. Por ello reflexiona profundamente la información, posee una fuerte emocionalidad vinculada a una aguda empatía, se conmueve con facilidad ante sutilezas y otros atributos más.

Cuando supe del tema me reconocí en la mayoría de las manifestaciones de la alta sensibilidad. He sentido tal empatía por alguien que ni conozco al grado de llorar a mares al saber lo que le sucedió. Así me descompuse el lunes por la mañana cuando leí la tremenda noticia sobre el suicidio de Armando Vega Gil. No lo conocí más que a través de algunas entrevistas que hice a Botellita de Jerez; pero saber que había decidido interrumpir su vida, tras una acusación anónima de supuesto acoso, me impactó como un relámpago que pegaba directo en el corazón y recorría todo mi cuerpo.

Tan pavoroso acontecimiento me tuvo muy indispuesta y reflexiva todo el día. Primero que todo, necesitamos dejar de ser ignorantes sobre el tema del acoso y el abuso para entonces exigir a las autoridades que ejerzan inflexible y eficazmente las leyes al respecto.

Sí considero importante que existan espacios en donde mujeres y hombres puedan expresar o denunciar, sin temor a represalias, que han sido víctimas de acoso o abuso en cualquiera de sus manifestaciones; pero hay que hacerlo de manera responsable. En un país como el nuestro, en el que el sistema judicial está lleno de huecos y empapado de corrupción, es delicado y riesgoso abrir una red social con dicho fin porque se presta a calumnias y especulaciones. Concuerdo en que algunas víctimas de acoso o abuso defiendan su derecho a permanecer en el anonimato por temor a un castigo posterior, pero seguro que también habrá muchas personas que, desde la clandestinidad, injurien a inocentes y el daño provocado puede ser irremediable y permanente.

Lo preocupante es que, so pretexto de que vivimos en un país donde se ejerce el derecho a la libertad de expresión, hoy en día pululan portales digitales, canales de youtube, cuentas de redes sociales y hasta medios convencionales impresos o electrónicos que hostigan y difunden, de manera insensata y poco ética, cualquier cantidad de patrañas sobre la vida de personajes públicos sin ninguna entidad regulatoria judicial que proteja de la difamación a esas personalidades.

En el caso específico de Armando fue un juego peligroso e insoportable en el que el señalamiento de ser un supuesto acosador terminó haciéndolo sentirse acosado y la consecuencia fue fatal. Si la ley no nos ampara seamos juiciosos al denunciar porque ya hay un muerto. Entonces ¿qué sigue?

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