De abogados

Son parte fundamental de cualquier sociedad civilizada que aspira a vivir en un Estado de Derecho

Héctor Serrano Azamar / Heraldo de México /
Héctor Serrano Azamar / Heraldo de México /

La profesión de la abogacía en su esencia, persigue uno de los fines más nobles del hombre, la búsqueda de la justicia, pues junto con el juzgador (los jueces), son los responsables de llevar a cabo lo que en derecho se conoce como el debido proceso.

Esto quiere decir, que todo aquel presunto responsable, independientemente de su culpabilidad o inocencia, pueda tener acceso a un juicio conforme lo marca la ley.

A pesar de ello, los abogados son parte de los profesionistas más denostados en nuestro país, junto a jueces, políticos y policías son vistos por la mayoría como un sinónimo de corrupción.

Aunque nadie pueda asegurar la honorabilidad de todos ellos, pues también los hay corruptos, imaginemos un México sin abogados.

¿Con quién se acudiría al tener un conflicto legal?

¿Confiamos en las instituciones del país como para dejar exclusivamente en sus manos la impartición de la justicia?

Mientras más preguntas hagamos, más estaremos convencidos de la necesidad de la existencia de los profesionales del Derecho.

Son parte fundamental de cualquier sociedad civilizada que aspira a vivir en un Estado de Derecho y en sus manos está conseguirlo.

No pueden ser considerados solamente como un mal necesario, tienen que ser una parte activa en el proceso de reconstrucción social que tanto necesita nuestro país.

Lo anterior viene a cuenta, por el caso del abogado Juan Collado.

Hoy el abogado pasará una noche más en un reclusorio de la Ciudad de México, quien hasta hace poco disfrutaba de las mieles del poder y de la abundancia y hoy enfrenta un proceso penal y la pérdida de su libertad.

Su caso, me atrevo a decir, será emblemático para el sistema de justicia en México, por lo menos, así debería serlo; a estas horas, el abogado de muchos de los personajes más poderosos y ricos del país, ya fue juzgado y sentenciado por la opinión pública, el veredicto es de culpable, entre otras cosas; por su pasado, por sus amigos, por su estilo de vida, pero, sobre todo, por sus clientes.

Le tocará a un juez decidir si también es culpable por mérito propio, por sus acciones, por haber cometido un delito y si es así, tendrá que actuar en consecuencia con todo el peso de la ley, es lo justo; pero si no, tendrá que exonerarlo y declarar su inocencia, también es lo justo, por eso creo que el caso de Collado tiene que ser un parteaguas.

Se tiene que dictar sentencia de la manera más justa, ciegamente, sin ver ni oír a sus amigos o a sus enemigos, sólo con la valoración de las pruebas en su contra o a su favor, así debe ser.

La poderosa red de intereses que tratarán de ayudarlo y otros tantos de perjudicarlo, harán de éste, uno de los juicios más intensos de la actualidad.

El mensaje es claro, si el abogado que defiende a los personajes más poderosos, ricos e influyentes del país puede caer en desgracia, entonces cualquiera puede correr su misma suerte.

Ahí está el detalle en esta historia de abogados.

POR HÉCTOR SERRANO AZAMAR

COLABORADOR

@HSERRANOAZAMAR

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