Culiacán, el evidente fracaso de seguridad de la 4T

Hoy más que nunca es necesario un golpe de timón para tomar el tema de seguridad en serio

Mariana Gómez del Campo / Secretaria de Asuntos Internacionales del PAN /   Columna Invitada
Mariana Gómez del Campo / Secretaria de Asuntos Internacionales del PAN / Columna Invitada

El jueves 17 de octubre, Culiacán se volvió una ciudad donde las armas del crimen organizado imperaron mientras el Estado de Derecho se le desmoronaba en las manos al gobierno por su pésima estrategia y sus malas decisiones.

La constante del gobierno encabezado por López Obrador es el triunfalismo falaz y la victimización como control de daños. El jueves no fue la excepción. Ante el fracaso que supuso la liberación de un alto perfil del narcotráfico, los apologistas de la llamada 4T exaltaron un falso humanismo del tabasqueño al permitir que el Ejército retrocediera para que la violencia no sometiera la ciudad, pero ¿por qué deberíamos aplaudirle a un gobierno que toma las peores decisiones para enfrentar situaciones atroces que ellos mismos generaron?

La sobrerreacción del gobierno y de su partido político han rayado en el cinismo, al convertir a López Obrador en víctima cuando quienes estuvieron en riesgo fueron las familias de Culiacán. La manipulación de las redes sociales con tendencias de apoyo al Presidente sólo hizo más evidente la incapacidad de un gobierno que permite que sean los ciudadanos los rehenes de intereses de sindicatos, grupos de presión y ahora del crimen organizado. El mensaje enviado desde Palacio Nacional es que quien sea capaz de asfixiar una ciudad, obtendrá cualquier exigencia, sin restricción alguna y bajo un manto de impunidad, siendo esto la postración y sumisión total del Estado.

Ante la ineptitud del Presidente, vemos a un gabinete enfocado en su defensa, sólo que esta vez no discuten por argumentos políticos de la oposición, sino por hechos irrefutables.

Las decisiones tomadas por el gobierno federal y cuya responsabilidad han destinado únicamente al Ejército, muestran la incompetencia que hay en Palacio Nacional para preservar el Estado de Derecho.

Hoy es evidente que la estrategia de abrazos, no balazos y el fuchi, guácala no es más que una ocurrencia de quien detenta la Presidencia, porque en los hechos, no existe un cambio de paradigma para enfrentar un escenario de violencia que cada día se recrudece.

Es más, su falta de acción permite suponer que la seguridad no es realmente una prioridad del gobierno, sino parte de un discurso político que es usado como combustible para seguir polarizando a la sociedad porque a casi 11 meses de distancia se sigue culpando a gobiernos anteriores de todo.

Hoy es necesario un golpe de timón para tomar el tema de seguridad en serio, porque la realidad está rebasando a un gobierno que únicamente parece estar pensando en elecciones y no en gobernar un país que es devorado por la violencia. No debemos olvidar que el 17 de octubre fue un parteaguas para nuestro país: Ley Bonilla, banderazo de Santa Lucía y la liberación de Ovidio Guzmán.

POR MARIANA GÓMEZ DEL CAMPO

ENCARGADA DE ASUNTOS INTERNACIONALES DEL PAN

@MARIANAGC

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