Cuestión de interés

Las conferencias mañaneras del Presidente desatarán tormentas políticas

Wilbert_Torre
Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México

Tal vez deberíamos habituarnos a que en los próximos años, el horizonte se poblará de tormentas políticas, unas seguidas de otras, y algunas desatadas en un solo acto y desde un ojo de huracán preciso: el presidente López Obrador.

Ahora está en curso uno de esos vendavales: las conferencias de prensa del presidente a las 7 de la mañana. Puede asistir cualquiera que porte una acreditación de prensa.

Se ha dicho que son un instrumento fascista para destruir a la oposición, que los reporteros son irrespetuosos porque no se ponen de pie para preguntar y que sus preguntas son torpes; que son un mecanismo de propaganda obradorista, que no aportan datos e información precisa, y que AMLO las emplea para denunciar y condenar públicamente, sin pruebas.

Lo primero que es necesario subrayar es que las conferencias de prensa de AMLO son un instrumento inédito. Ningún otro gobernante adoptó un mecanismo semejante, con sus beneficios –exposición pública, difusión mediática y de una narrativa– y los riesgos de comparecer ante la prensa todos los días.

De ellas surgen los temas que han atrapado la atención pública: La controversia entre AMLO y el Poder Judicial; el tanteo del presupuesto a las universidades; la revelación de una lista de funcionarios que se beneficiaron desde el Gobierno a empresas privadas y luego se fueron a trabajar con ellas, y uno que ha expuesto una profunda injusticia social: los créditos que, como el más alevoso de los usureros, el gobierno quintuplicó a los trabajadores que habían contratado financiamientos del Infonavit. ¿Qué tienen en común estos temas? Todos afectan los intereses del ciudadano. ¿Por qué no se debatían antes? La mayoría no estaba en el radar de la opinión pública, como el de los créditos impagables o las puertas giratorias que permitieron que altos funcionarios terminaran sus encargos públicos y se mudasen a la iniciativa privada con un baúl repleto de información estratégica.

La Ley les impone un veto de un año; muchos se han mudado antes de ese lapso. ¿Los 10 años que propone AMLO son un exceso? Tal vez. Lo importante es que este, un tema obscuro e intrincado con intereses geopolíticos, está ahora sobre la mesa.

Las acusaciones públicas del Presidente a funcionarios que no han violado la ley, pero han incurrido en conductas indebidas, a su manera de ver las cosas, transitan sobre una compleja vía: el territorio de la ley, que en México ha sido una puerta giratoria de intereses, simulaciones y leyes que existen, pero que la autoridad no hace cumplir.

Ayer, en un ejemplo fresco, López Obrador anunció que la Secretaría de la Función Pública investiga al presidente del Consejo Regulador de Energía por conflicto de interés.

El presidente del CRE tiene familiares en dos empresas del sector energético que recibieron contratos del gobierno. García Alcocer dio a conocer el conflicto de interés en sus declaraciones. ¿Qué hizo la autoridad al respecto? Nada.

 

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@wilberttorre

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