Cuando pase el temblor

Amor a México: Ojalá que, cuando pase el temblor, nada siga igual que antes, en el mejor de los sentidos.

Hay una grieta en mi corazón

G. Cerati

 

 

las 15:00 horas, ya estábamos en la esquina de Edimburgo y Escocia. Los vecinos y no vecinos de la Del Valle sacaban, con cubetas y a mano limpia, piedras y polvo. Había ya patrullas de la SSP, pero los civiles llevaban la batuta.

Menos de dos horas después del evento, ya se apilaban los montones de víveres: agua, alimento, cobijas…

Olas de gente caminando por las calles, muchos toman o dan ride en sus carros, motos, taxis. Todo cuenta. La tragedia es tan grande, que la respuesta debe ser igual de contundente.

Rébsamen también nos dejó ver dos historias de solidaridad: la del colegio homónimo, en Coapa, donde todo mundo hizo de sus alumnas y alumnos las hijas e hijos de todos.

Ahí está también el caso de Laura Ramos, cuya hija, Renata, consiguió que todos apoyaran su postura de frenar la demolición del 241 de esa calle, en la Narvarte, y logró echar abajo un amparo, hasta hallar el cuerpo de su madre.

Miles, seguramente, de historias como estas existen. Miles por toda la ciudad y por todo el país.

Épica del nuevo siglo. La gente sacó la cara por su gente, y 32 años después, los nuevos jóvenes tuvieron su oportunidad de tomar la ciudad.

Xochimilco tuvo daños; Tláhuac tuvo daños; en Oaxaca se acentuaron los daños previos. Pero en todas partes, hubo quien les tendiera varias manos.

Indiferencia es un término que estos días no cotiza aquí. Ojalá dure mucho tiempo este tipo de cambio.

Confieso que soy un malhumorado de la falta de ciudadanía responsable cotidiana; pero hoy sé que se vale cambiar de opinión. Me quito el sombrero y me pongo el casco. Porque sé que hay muchxs RobertosMatamoros, LorenasRocha, JorgesHerrera, Casandras, Ériks, Saras… dispuestos, como lo estuvieron estos días.

Ojalá que, cuando pase el temblor, nada siga igual que antes, en el mejor de los sentidos.

 

PROMESAS

Martha Anaya, grandísima periodista y entrañable amiga, no podrá habitar más su departamento en la Condesa (como miles de personas). Pienso de inmediato en las comidas que tuvimos ahí, donde arreglábamos el mundo con nuestra querida Andrea Merlos. El 15 de septiembre prometimos volver a vernos en unas semanas ahí. Pienso en su edificio roto y me duelo de saber que las personas no debemos prometer, pues no controlamos el infinito.

Recuerdo cómo me contó su placer por habitar ese lugar tan acogedor frente al Parque México, en que ahí se cimentaban muchos recortes de su vida y recuerdo cómo saboreamos nuestro próximo platillo mexicano (requisito del menú en su casa). Y entonces pienso que eso vive en tu memoria y te lo llevas a donde sea, querida Martha. Y pienso que, a veces, las personas sí podemos prometer, porque en la promesa existe algo de infinito, que nos deja asomarnos a lo divino, como la amistad. Como tu amistad. Te prometo que pronto comeremos en tu nuevo hogar un platillo mexicano.

CLAVES Hoy se cumplen tres años de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, ¿qué tal durmieron todos los involucrados?

 

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