¿Cuándo parar?

Investigaciones indican que correr durante una etapa difícil de la vida puede hacerte más proclive a sufrir lesiones

¿Cuándo parar?

Nos gusta correr y lo necesitamos. Pero en ocasiones, ese impulso, mezcla de placer, necesidad y adicción, se topa de frente con un cuerpo que se nos rebela. Son esos días en los que las piernas no te dan ni para levantarte y aunque quieras correr, sabes que físicamente no podrás hacerlo. Nuestros músculos adoloridos se ponen contra nuestras mejores intenciones y nos dicen que paremos porque están agotados.

Aún así, el cerebro se impone al cuerpo y a pesar del agotamiento, te levantas a correr y llegas a la pista convencido de que tú puedes, de que un simple cansancio no te va detener y corres y das tu mejor esfuerzo.

Entonces, la carrera se hace tan difícil que tus piernas se transforman en dos troncos, duros y difíciles de mover, y de pronto, ya cuando estás a punto de terminar tu entrenamiento, te asalta ese dolor en la rodilla o esa punzada en los gemelos o un tirón en el talón de Aquiles, la frustración aumenta, y en el peor de los casos, aparece la lesión .

La causa es el sobreentrenamiento, es decir, le exigimos al cuerpo más de lo que puede dar. Si a eso le sumas poco tiempo de descanso y recuperación, el resultado es un músculo rígido, agotado porque las fibras musculares y el sistema nervioso no tuvieron el tiempo necesario para regenerase.

Según encuestas, alrededor de 80% de los corredores sufre algún tipo de lesión cada año, de las cuales, el 70% se deben a errores en la planificación del entrenamiento y el resto a estrés mental, o bien, a la suma de ambos.

De acuerdo con cifras de Sport Promotion, en México existen alrededor de seis millones de corredores y esta cifra va en aumento. La gran mayoría comienza a correr sin un programa de entrenamiento adecuado y sin un reconocimiento médico previo.

El estrés es otro factor que influye en el agotamiento. Estudios muestran que las lesiones deportivas también están relacionadas con estados emocionales negativos que hacen que el organismo genere la hormona cortisol, que afecta la densidad ósea y genera rigidez en los músculos.

Es paradójico: correr es de los métodos favoritos de la gente para eliminar estrés, pero es precisamente tu nivel de estrés lo que puede ponerte en riesgo si no lo manejas de forma adecuada, dice a la revista Runners Jim Afremow, asesor de rendimiento mental, corredor y autor de The Champion’s Mind.

Así que no te angusties si una mañana de éstas despiertas agotado y, aunque quieras pararte a correr, tu cuerpo te dice que no puede. Lo mejor es detenerse; seguir a cualquier costo, incluso nuestra salud es una mala decisión.

El carácter de un buen corredor no sólo se mide por su fuerza para vencer el cansancio y el dolor y terminar una carrera, también se basa en la capacidad de escuchar a tu cuerpo cuando te pide descanso para que, en sintonía con tu mente, evites lastimarte o lesionarte y hagas de la pasión por correr algo siempre positivo y benéfico sin exponer el cuerpo a riesgos innecesarios.

 

Según encuestas, alrededor de 80% de los corredores sufre algún tipo de lesión cada año
 

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