¿Cuál es la diferencia entre el poder del “pueblo” y del mercado?

Todos buscan lo mismo, lo distinto es cómo juegan con nuestras percepciones, nos llamen pueblo o mercado. Lo que falta por interiorizar es que no se trata únicamente de un juego de intereses

Óscar Sandoval / Articulista invitado / El Heraldo de México
Óscar Sandoval / Articulista invitado / El Heraldo de México

El poder político y el poder empresarial es un juego de percepciones.

Hasta hace unos años, la constante era que los políticos buscaban mantener equilibrios públicos entre su relación con el poder ciudadano y con el poder de los llamados hombres y mujeres del dinero. Eso cambió.

Es necesario y más aún urgente, dejar de vernos al ombligo para asumir los elementos clave del cambio. Ver al norte –Trump o al sur del continente Bolsonaro– son prueba de que el juego es distinto, lo que llamábamos izquierda y derecha tiene más en común de lo que aceptamos.

Las percepciones tomaron mayor relevancia y el peso que le dan los políticos al pueblo y a los empresarios ha inclinado la balanza.

Durante años, diferentes ejercicios demoscópicos (Latinobarómetro, por ejemplo) nos mostraron una y otra vez que la gente, el llamado pueblo, estaba dispuesto a sacrificar la democracia como la perciben y conocen, e incluso ciertas libertades.

En el juego de las percepciones los ganadores en las urnas son quienes, como López Obrador, han hecho propuestas electorales y acciones de (pre) gobierno.

El tablero del juego es más amplio.

El escenario también incluye al sector empresarial que toma decisiones en función de dos conceptos que se refieren a lo mismo, pero se verbalizan distinto: poder del pueblo y poder del mercado.

Ahí una diferencia entre José María Riobóo y Juan Armando Hinojosa. Entre Riobóo y el CCE de Juan Pablo Castañón y Coparmex de Gustavo de Hoyos.

Todos buscan lo mismo, lo distinto es cómo juegan con nuestras percepciones, nos llamen pueblo o mercado.

Lo que falta por interiorizar es que no se trata únicamente de un juego de intereses, todos los tienen, es de lenguaje y de lo que se percibe.

Aquí el reto de los empresarios y estrategas de comunicación es cómo construir un lenguaje común que lleve al cumplimiento de compromisos de ambas partes y beneficie a la gente.

Podemos minimizar esto, pero al menos hasta hoy vale 100 mil millones de pesos más lo que ha sumado la volatilidad y/o especulación generada por la decisión del presidente electo sobre el aeropuerto.

El uso de la persuasión para mover percepciones no es cosa nueva, ese río reencontró su cauce. Estábamos muy cómodos, se nos había olvidado.

El peligro ahora es que este juego se polarice.

Ahí el reto de Alfonso Romo, ¿cómo convencer de que están hablando de lo mismo (si es que lo están)?

El del empresariado es saber que lo bueno o malo del cambio depende de qué tan buenos o malos seamos para construir una nueva relación con lo que es: el AMLO que ahora conocemos será presidente.

 

Óscar Sandoval

analista político y financiero

 

 

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