Crónicas transatlánticas del exilio español

En 1939, Franco inicia un periodo dictatorial que significó 38 años de exilio masivo y forzado

Luis de Llano / Crónicas
transatlánticas
del exilio español / Heraldo de México
Luis de Llano / Crónicas transatlánticas del exilio español / Heraldo de México

Este relato que a continuación quiero compartirles, también he querido incluir las experiencias de don Ramón de Florez, periodista, narrador, historiador y un gran amigo de mi padre, y también de las notas, investigaciones y documentos hemerográficos de gran valor histórico (como los documentos originales de la crónica y bitácora de los exilados españoles a bordo del Sinaia que mi amiga Edelwaiss Requena Iban puso en mis manos), a través de las cuales he tratado de comprender y retratar el sentir y el pensar de los mexicanos y los españoles que al final de la década de los 40 generar esta reencuentro mutuo que significaron los primeros días del exilio español en México.

Don Ramon de Florez, en su recopilación de Crónicas del Exilio Republicano me ha hecho llegar las notas que Antonio Zozaya y Jou redactó en el Puerto de Burdeos en 1939 justo antes de embarcase en Cuba con destino a México y ahora me permito transcribir:

Las torpezas y frivolidades del rey de España Alfonso XIII, así como la forma dictatorial de conducir los destinos de España por el gobierno del General Miguel Primo de Rivera, hicieron que los españoles en su mayoría empezaran a desear un cambio radical de la política, acariciando la idea de abolir la monarquía e implantar una nueva República.

El 14 de abril de 1931 se proclamó ‘La Segunda República’. El Rey Alfonso XIII previendo que podría haber confrontaciones sangrientas entre las diferentes corrientes de opinión, dimitió, se marchó a Francia y más tarde se instaló en Roma, Italia.

Pero el tránsito hacia la democracia y la justicia social por la que clamaban tantos españoles se estancó y fue víctima de luchas internas entre la izquierda, la derecha y entre sí.

La derecha republicana que había triunfado en las primeras elecciones democráticas fue considerada como responsable del fracaso del primer gobierno emanado de la República por lo que en las elecciones de 1936, triunfó la unión de las izquierdas socialistas y comunistas que se llamó el Frente Popular y que duró solamente cinco meses en una España convulsa violenta y revanchista que dio pie a que se levantara en armas el general Francisco Franco, apoyado por el gran capital y personalidades de la alta burguesía. El ejército y el pueblo se dividieron y enfrentaron: la lucha armada entre los que apoyaban la insurrección de Franco y los que defendían la República legitimada provocó un baño de sangre entre hermanos y más de un millón de muertos.

En 1938 después de la batalla del Ebro, que duró cerca de 5 meses, en la que el ejército republicano fue vencido y el autonombrado generalísimo Franco en 1939 inicia un periodo dictatorial que significó 38 años de exilio masivo y forzado de millones de españoles anhelantes de libertad. Muchos de ellos, separados de sus familias y arrancados de sus raíces, jamás regresaron…

Don Ramón de Florez continúa este relato en sus notas periodísticas, que al pie de la letra expresan: Los campos de Anual y Monte Aruit, cubiertos de miles de cadáveres son testigos de lo que le costó a España el poder dominar a legiones de traidores. Hasta el extremo que no había una sola aldea en España en la que una madre no hubiese perdido a un hijo.

El argumento que el ejército español se sublevó porque un movimiento comunista más que ser un pretexto, era la falsedad en que iban envolviendo la traición… la traición que llevó el traidor Franco a combatir la República, que al ver la causa perdida, llamaron en su auxilio a ejércitos de naciones extranjeras, los cuales, organizados en legiones y provistos de abundante material se unieron a los moros para combatirnos, ávidos de rapiña los unos, y ensayo y entrenamiento de su material para los otros.

Los pueblos no quieren la guerra porque no tiene razón de ser, pero cuando su patria se ve amenazada, invadida, humillada, entonces la quiere como exterminio del invasor… y ese sentimiento de guerra, superior a toda clase de sentimientos nos hizo luchar dos años y medio. Y aún lucharíamos si hubiéramos dispuesto de medios para ello.

Y esta es a grandes rasgos la historia de nuestra guerra. Ahora vosotros tenéis la palabra, os lleváis al exilio un perfecto conocimiento de nuestros deseos, recuperar a España y la República pues la promesa está en pie, en nuestros corazones y si fuera preciso volver a la lucha, allí iríamos todos a reconquistarla… Para resurgir un pueblo de paz al que dedicaremos nuestras energías para su reconstrucción…

En un diario de la época, así se relata uno de los momentos en los que México y España compartirían en el infortunio, una de las muchas historias que los unen a través del lazo perenne de la memoria:

Aquella tarde de despedida a los internacionales desfilaron bajo los balcones de Pamplona, hombres de todos los países. Habían disparado sus armas por última vez a las orillas del Ebro. Llevaban en los brazos montones de flores. Con ellos iban sus banderas. Con los checos, con los húngaros, con los garibaldinos, junto con los españoles desfilaron los mejicanos. Iban sonriendo y llorando. Yo los recordaba de aquellos frentes de Madrid donde ellos con su corazón inalterable se batieron en los primeros sitios. Así con sacrificios y con muertos defendían ellos, hijos fieles de su patria libertada, la independencia y libertad de España. En ningún rincón de la tierra existe la tierra de nadie. La libertad de México es una promesa de la futura libertad de España. Si el pueblo de México nos necesita algún día para defenderla la defenderemos. Igual que los mexicanos defendieron Madrid.

Solo unas palabras, para expresarles mi satisfacción y agradecimiento por la labor que estáis realizando, labor digna de elogios, que no podrán olvidar los españoles nosotros, como militares y hombres de honor, hemos cumplido con la promesa que hicimos de defender la República, con las armas hasta perder la vida y podemos estar orgullosos de haberlo hecho aún a costa de muchos compañeros que fueron asesinados en el cumplimiento de esta promesa. Del diario del Sinaa, el navío que traería la primera oleada de españoles refugiados a México transcribo esta nota de bitácora del que refleja el sentir de los hombres y mujeres a bordo:

Mirad a lo lejos aquella quebrada línea oscura que se alza sobre el mar. Al contemplarla desde la cubierta del buque que nos lleva a otras tierras hospitalarias, el luminoso México que generosamente nos dispensa un acogimiento fraternal, al Nuevo Mundo a donde llevamos el peso de tantas amarguras… Es la patria amada que se aleja, que pronto se disipará entre las brumas oceánicas, y que hoy, sepultada en cenizas humeantes, solloza bajo el yugo opresor…

¡Qué pena tan honda!¡… ¿Cuántos de nosotros volveremos a pisar su suelo sagrado?! Tú, España, resurgirás, más deslumbrante y poderosa que nunca. A ti volverán, con el cuerpo o con el pensamiento, los desterrados en este mar que nos parece de lágrimas…

Adiós patria que te alejas, adiós.

POR LUIS DE LLANO MACEDO

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