Crisis en el IMSS, y Julio Iglesias canta “Abrázame” a EPN

Germán Martínez se fue y culpó al titular de Hacienda. No se esperaba absoluta lealtad de alguien que fue amigo de Calderón

Verónica Malo Tres en raya
Verónica Malo / El Heraldo de México / Tres en Raya

Si Andrés Manuel falla —alarmémonos: algunas de sus políticas se ven improvisadas y en su equipo no hay disciplina—, él será el responsable del regreso al poder de la lamentable fantochería que ya estuvo en la Presidencia y que, cosas veredes, sigue tan campante en la vida civil, como lo exhibieron, casi con cinismo, Peña Nieto y Calderón el fin de semana.

A EPN se le vio feliz en el bodorrio de la hija del abogado Juan Collado (recientemente le prestó sus servicios para divorciarlo de Angélica Rivera; Collado es también el litigante de planta de los Salinas de Gortari).

EPN estuvo no sólo acompañado de Tania Ruiz, su nueva pareja, y Julio Iglesias, a quien se le antojó amenizar la celebración, sino de toda la plana mayor de la mafia del poder (AMLO dixit): Romero Deschamps, Raúl Salinas, Beltrones, Del Mazo, El Jefe Diego, etc. Poco importa que, al mismo tiempo, el PRI se debata entre la vida y la muerte, producto de una cadena de escándalos de corrupción con los que, sin duda, muchos de los funcionarios emanados del tricolor encadenaron la vida del país.

Y por su parte, Felipe Calderón… nada: se retrató en un coche deportivo clásico, echando relajo en un rally automovilístico. La frivolidad en la clase política ya no es noticia. Pero hacerlo tan públicamente, sin desenfado, es estirar la liga un poco demasiado (ven a Dios y no se hincan, diría el refrán). Placearse de esa manera cuando el gobierno lopezobradorista no desperdiciará oportunidades para castigarlos —y con razón— no es lo más recomendable…

Si tuviera que definirme, diría que coincido más con priistas y panistas que con los morenistas. Pero sólo un ciego no vería que el recato y la honestidad no son el fuerte del PRIAN. Vale la siguiente advertencia, pero para que AMLO la atienda: bien haría en mejorar la gestión de gobierno. Si López Obrador y la 4T fallan, volverán al poder la frivolidad y el derroche vistos en la boda con EPN y en el rally de Calderón. Sería terrible, pero si ocurriera, habría que culpar a AMLO y a que no lleguen a buen puerto muchas de sus políticas.

López Obrador dio un paso ayer contra la injusticia, la inequidad —y, sí, también, la corrupción—, el primero que me parece sensato y con efectividad inmediata: firmar un decreto para eliminar cualquier esquema de condonación de impuestos a grandes (y grandísimos) contribuyentes. Después de la presentación de la jefa del SAT, Margarita Ríos-Farjat, supimos que en dos sexenios se condonaron alrededor de 400 mil millones de pesos. Más de la mitad habían sido privilegios fiscales injustos, que no sólo afectaron al país como un todo, sino a otros empresarios; los que sí cumplen.

¿Es el preludio para que López Obrador procese alosmeros meros? Posiblemente AMLO no quiera pelear con la mafia del poder, pero quizá no le quede más remedio, pues sólo así alcanzará la estatura que se requiere para pasar a la historia.

El problema es que a una buena noticia la siguió una mala: crisis por la renuncia de Germán Martínez al IMSS. Se fue y culpó al titular de Hacienda, Carlos Urzúa. No se esperaba absoluta lealtad de alguien que fue amigo cercanísimo de Calderón, pero habría sido de agradecerse un poco de discreción. Mientras tanto y, por lo pronto, al son de un Abrázame, nadie le quita a EPN lo bailado.

VERÓNICA MALO GUZMÁN

@MALOGUZMANVERO

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