Convencer, más importante que imponer

Ese es el trabajo de AMLO y su régimen; ofrecer mejor gobernanza, mejor seguridad, mejor distribución...

José Carreño / Desde afuera   / Heraldo de México

Cuenta un viejo chiste que de visita en un pueblo serrano un presidente recibió el reclamo de que su promesa de llevar agua potable había quedado sin cumplir. Airado, el mandatario pidió explicaciones y uno de sus colaboradores le informó que la ley de gravedad impedía la llegada del líquido.

Deróguela de inmediato, fue la respuesta, de acuerdo con esa seudoanécdota. Hoy parecemos acercarnos de nuevo a ese tipo de situaciones apócrifas, pero con el gobierno en general como protagonista.

Sin ánimo de molestar, pero si con el deseo de subrayar una preocupación crítica, valdría la pena preguntar si el nuevo régimen vive en el mismo mundo que el resto de nosotros. No se trata de cuestionar un triunfo indiscutible. Ni las buenas intenciones de los encargados de llevar adelante las funciones de gobierno. Pero la realidad es que algunas propuestas y también varias medidas iniciales, parecen al menos bastante dudosas, si no en algún lugar entre ingenuidad o hipocresía.

Puede resultar la verdad, pero de entrada, y sin importar que tanta buena voluntad tenga, el presidente Andrés Manuel López Obrador no puede hacer milagros; esos no se dan en la vida real. No importa lo que haga, lamentablemente será difícil que pueda cumplir con todas las expectativas creadas. Pero si puede plantar las bases.

Los ambiciosos planes de gobierno delineados, sus metas aspiracionales, serán construidas con tiempo, con trabajo, con paciencia y con acuerdos no solo de el pueblo que votó por él sino con el concurso de la ciudadanía en general, incluso aquellos que se pronunciaron por otros candidatos. Debe convencer que si le va bien a su gobierno le irá bien a todos.

Ese es el trabajo de AMLO y su régimen; ofrecer mejor gobernanza, mejor seguridad, mejor distribución de ingresos y sí, certidumbre a inversores nacionales y extranjeros que son quienes aportaran los recursos para generar la riqueza que pueda ser mejor repartida en una sociedad históricamente injusta.

Recordemos que México está al lado de los Estados Unidos, con una frontera de tres mil kilómetros de largo que es tan porosa de sur a norte como al revés.

Sitios para invertir sobran, y si bien es cierto que no todos ofrecen las mismas ventajas que México y su vecindad, también lo es que los capitalistas demandan certidumbres.

En este mundo de internet y redes sociales, la salida de capitales está a media docena de golpes de tecla en una computadora, y pese a lo que se quisiera creer la mayoría de los seres humanos se gobierna por el propio interés.

Algunas intenciones atribuidas al nuevo gobierno, correcta o incorrectamente, han provocado confusiones que ya le han costado dinero al país, sea porque han creado alarmas o llevado a que los inversionistas mas cautelosos –individuales o institucionales– se vayan o frenen sus actividades. Esos costos son en detrimento de los planes del presidente. En este mundo capitalista, globalizado, puede ser mas importante convencer que imponer.

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