Contrastes

En un partido no exento de polémica, las Chivas se alzaron con el duodécimo título de liga de su historia empatando así al América en el número de trofeos

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Bajo ningún motivo intento demeritar el duodécimo título de las Chivas. El técnico argentino Matías Almeyda logró compactar a un grupo de jugadores convencidos de un estilo. Jugando bien al futbol siempre se estará más cerca de los títulos, aunque la historia nos recuerda que, al menos en este país, se puede aspirar a los trofeos siendo rácano y timorato (el Necaxa de los estrategas mexicanos Manuel Lapuente y Raúl Arias, por ejemplo).

En el trámite del torneo, Guadalajara tuvo pasajes de auténtica inspiración, de futbol exquisito y muy buen trato de balón. Equipo ordenado, claro de ideas, robusto atrás, virtuoso en medio y algo escaso de gol al frente, aún contando con un tipo como el delantero Alan Pulido, joven con tremenda presencia de área, aunque intermitente.

Mostró la mejor versión de futbolistas como el arquero Rodolfo Cota (formado en Pachuca), José Juan El Gallito Vázquez (mundialista y con pasado leonés), el talentoso ofensivo Rodolfo Pizarro (también formado en la Bella Airosa), el veterano todo terreno Carlos Salcido (éste sí, canterano, al igual que el atacante Carlos Fierro) y Jesús El Chapito Sánchez, por citar solo a algunos. Se trata de una amalgama juvenil correctamente apuntalada por la experiencia de algunos jugadores veteranos. Chivas no es un diamante en bruto. Es la gema terminada.

Para la Liga Bancomer MX es muy bueno que un equipo compuesto exclusivamente por elementos mexicanos, gane títulos. Pero, ojo: No es un equipo barato y muy pocos de sus jugadores fueron hechos en casa. No son las pobrecitas Chivas. Son ¡las poderosas CHIVAS!, cuya nómina está entre las seis o siete más caras del futbol mexicano. Este paternalismo barato, esta absurda conmiseración que adoptamos frente al Rebaño, me asquea.

El hecho de que las Chivas jueguen con mexicanos no las hace víctimas. ¡Al contrario! Dejémonos de tonterías y llamemos a las cosas por su nombre.

Así como se le exige al América, debe exigírsele también al Guadalajara. Uno, el odiado, es el más importante, y el otro, el bienamado, el más popular. ¡Tratémoslos de la misma forma!

Y que no se confunda el señor Jorge Vergara al aseverar, palabras más, palabras menos, que con el título de las Chivas salió ganando el país. El dueño del equipo rojiblancio afirmó que sólo con mexicanos se puede forjar una mejor nación. ¡Mentira! El futbol es el futbol, nada más. El país es otra cosa y tiene problemas en verdad serios, que escapan al divertimento que es el futbol. Que yo sepa, el albañil seguirá levantándose a las cuatro de la madrugada para ir a buscar el sustento y el abogado seguirá dirigiendo su despacho. El arquitecto dibujará sus planos y el contador se las arreglará con Hacienda. Ni a ellos, ni a mí, nos cambió la vida el título de las Chivas. Con todo respeto.

Columna anterior: Hacia Cardiff

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